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| Imagen: Todas las estrellas brillando, NASA. |
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| Imagen: Roger Braun. |
Hay un gran cuento
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| Imagen: Jack Mitchell, Marcel Marceau |
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| Imagen: Christian Schloe |
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| Imagen: Catrin Welz-Stein. |
al amanecer de los inviernos,
Aquel instante
al amanecer de los inviernos;
que dejó una estrella, sin cielo,
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| Imagen: anónimo callejero. |
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| Imagen: escultura de Michelangelo Pistoletto. |
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| Imagen: Instalación de Chinaru Shiota |
| Imagen: Remedios Varo. |
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| Imagen: Jeanne Wells. |
(De 'El jardín roto', 1977)
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| Imagen: Litografía, Maternidad, Picasso, 1963. |
de las ramas de su árbol
Un pensamiento: apenas somos nada
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| Words_by_aiae1 |
Veré si puedo
convertir el pasado en cenizas
y dejarlas en la ventana
para que el viento las reparta.
Veré si puedo
dejar sueños en la basura
para que algún reciclador
los ilumine.
Veré si puedo
sentarme en el techo de un instante;
veré si puedo,
sin tener que soñarte o no soñarte.
Las cosas -dicen- están mal y van deprisa;
quizás choquen y revienten una noche
y los ratones se hagan dueños del mundo,
y roben el cerebro a los hombres.
Antes, veré si puedo
regalarte un sueño sin disfraces;
veré si puedo,
sin tener que soñarte o no soñarte.
Esto no es un poema (3)
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| Imagen: Antonio Berni |
Sin propia voluntad
¿puede haber consciencia?
Sin consciencia
¿se puede hablar de propia voluntad?
Sin solidaridad ni igualdad
¿se puede hablar de libertad?
Sin libertad
¿se puede hablar de democracia?
Para hablar de democracia
¿no sería necesario
ofrecer a cada persona
la posibilidad de ser dueña
de su propia voluntad?
¿Cómo se puede hacer eso
sin conocimiento?
Y sobre todo,
¿cómo se puede hacer eso
sin humildad?
Sin conocimiento
¿se puede hablar de libertad?
Sin consciencia, sin propia voluntad,
sin solidaridad, sin igualdad.
la democracia estará desdemocratizada.
¿Quién la democratizará?
Los democratizadores que la democraticen
buenos democratizadores serán.
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| 'Intermedi', de Joan Brossa. |
En un escenario iluminado y vacío se abren tres puertas: una, en medio de la pared del fondo; las otras dos, repartidas a derecha y a izquierda. Salen tres soldados, a la vez, uno por cada una de las puertas, los tres con sus caras manchadas de sangre y de tierra.
II
Quién sabe cómo se anuncia un concierto
.
.
.
III
La música cesa de pronto. También los sonidos de guerra. Cada soldado deja apoyada su arma al lado de su silla. Cada soldado se levanta callado y se quita su venda. No hay aplausos. Ninguna reverencia. Sólo silencio y humo en la escena.
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| Imagen:Nanni Mensch |
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| Imagen: Saeed Sadeghi. |
Las hierbas son silenciosas,
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| Imagen: Oleg Duryagin. |
Cuando abrió el periódico de aquel día tuvo la sospecha de que ya había leído alguna vez aquellas páginas. Era absurdo pensarlo, pero la impresión se impuso a todas las racionalizaciones posibles y buscó en los archivos hasta que efectivamente encontró el ejemplar: era exactamente el mismo. Sólo habían cambiado los nombres y las fechas.
Bastaría con ser conscientes
de la lentitud con que la vida
se convierte en piedra;
o entender cómo la luz
crea átomos y elementos
y células e inteligencia;
tan sólo entender cómo se forma
una brizna de hierba,
o cómo se deshace un sonido
hasta ser indiferenciable
de lo que le rodea.
Bastaría con ser consciente
de un parte muy pequeña del fractal,
saber que esa mínima parte
es reflejo de la más grande;
bastaría eso
para que la geometría de la vida
nos catapultara
a la comprensión revolucionaria
de las estrellas.
Pero quizás es demasiado densa
nuestra presencia.
| Imagen: Santos Iñurrieta (detalle) |
que el propio juego.
En todas las lenguas hay palabras especialmente bellas; por su sonoridad, o por la relación de su sonido con el significado, o por otras razones más subjetivas. En euskera hay muchas palabras que me sorprenden por su belleza. En castellano también.
Hay fotografías que envejecen en los ojos; de repente amarillean y se rasgan por las esquinas, poco después de que la mirada encuentre el encuadre para ver tras la cámara. Son fotografías hechas no de luz retenida, sino de pensamientos y sentimientos, de emociones craqueladas y de la fugacidad de la alegría o la tristeza de un instante.
Los ojos -que son sabios- saben, con cada parpadeo, que la mirada se convierte entonces en un naúfrago a la deriva en un mar de posibles imágenes. Ese naúfrago, deshidratado y hambriento, ha navegado arrastrado por corrientes desconocidas, somnoliento, entre nieblas y azar.
Pero los ojos tienen la certeza que un día llegará a una isla desierta y que esa isla tendrá la forma de una pupila. Y saben que, aunque en la playa se encuentren huellas dejadas por otras pupilas, la isla siempre estará deshabitada.
Las fotografías son esas huellas.































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