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Esto no es un poema (2)

 

Imagen: Atlas, Wlodek Krzeminski.



Creamos realidades socialmente.
Las creamos compartiendo lenguajes.
Las organizamos y mantenemos dando y recibiendo
palabras e imágenes;
sí, también gestos y signos, y símbolos y señales.

Creamos realidades. El arte bien lo sabe.
El arte de cualquier cultura, de cualquier tiempo.
El arte, que no, no es la realidad.
El arte, que nunca quiso ser la realidad.
El arte que quiso ser todos los sueños
y ningún sueño.

Creamos. No me estoy entre quienes piensan
que la realidad es arte. El arte es sólo
la Gran Metáfora:
expresa cómo creemos y cómo creamos.

Creamos realidades socialmente.
Las creamos también a través de vacíos, ausencias y silencios, nidos en los que incubamos
las narraciones que sostenemos.

Construimos realidades, es decir construimos relatos, ficciones al fin y al cabo, porque ¿qué podemos hacer sino interpretar, reinterpretar y sobreinterpretar, una y otra vez, en un bucle infinito, la experiencia?

Esto no es un poema.


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Selva de palabras (I)

Barbarians Marching to the West, Max Ernst, 1937




En aquella selva los árboles no tenían hojas sino plumas, y los únicos frutos disponibles en las ramas eran palabras. De ellas nos alimentábamos cada día y algunas podían verse caídas en el suelo de la selva, mordidas, simples sílabas, incompletas.
Yo era un primate más en un gran grupo de primates, y defendíamos con violencia nuestro territorio de palabras frente a otros grupos de primates rivales. Los puntos y las comas, las interrogaciones y las interjecciones se las dejábamos a los pájaros y nuestros excrementos, que caían desde lo alto de los árboles, era recogidos cada noche discretamente, ante nuestra indiferencia, por extraños primates que los utilizaban para alimentar su fuego.
Cuando llegaban épocas de sequías y las palabras colgaban secas de las ramas, nos volvíamos muy feroces. Entonces no dejábamos nada a los pájaros, incluso los cazábamos y luchábamos a muerte por la disputa de un punto, de una coma, de un interjección o un interrogación picoteada...
Y cuando alguno de nosotros encontraba puntos suspensivos aún no digeridos en el estómago de algún pájaro, regurgitaba palabras extrañas, no digeribles, palabras envenenadas; entonces, con urgencia, era preciso darle muerte: su vómito constante ponía en peligro nuestro territorio en la selva de palabras.

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La durabilidad de los puentes

Imagen: Susanna Bauer

 
Lo sabemos. Lo que importa no es la cantidad, sino la cualidad de nuestras relaciones -con los otros, con el mundo, con nosotros mismos.
Lo que importa son las capacidades de acción y atención conjuntas con las que nos declaramos cómplices en la creación de realidades.
Lo que importa -lo sabemos- no es la determinación de nuestros pensamientos -tantas veces hechos de harapos del pasado y de anzuelos lanzados en imágenes de futuro-, sino el brillo de su flexibilidad, la acción contorsionista con que se adaptan a la forma de un corazón, o al vacío de un concepto, o una mano.
Lo que importa no es el vislumbre excesivo, ni el breve deslumbre producido por nuestros lenguajes tan heridos por la Historia.
Lo que importa es la determinación de nuestra capacidad de escucha, la callada luz de nuestro iris abierto, el poder de descodificación que el silencio otorga a nuestros sueños.
Lo que importa no es la cantidad de máscaras que somos capaces de poner y quitar, en nuestra nuca o en nuestra cara, tantas veces por minuto.
Lo que importa -lo sabemos- es la calidad de los puentes, la durabilidad de los puentes. 
Y esas ramas que crecen en silencioy que acaban entrelazando cada vacío con otro vacío.
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Encantamiento



Imagen: Wolfgang Lettl.


Los poemas, hermanos de la música, también necesitan ser repetidos una y otra vez; invitan a ser releídos y reinterpretados en tiempos y espacios diferentes. Ocurre así probablemente porque los poemas necesitan adquirir presencia, para llegar a ser acompañantes -como la música- del pensamiento y el sentimiento. Necesitan acoger, como el nido acoge al pájaro, a la emoción inquieta o agotada.

 

Como en la música, en un poema la repetición de su edición y su relectura es esencial para que suceda el encantamiento, que no es otro que el de aspirar a ser sombra y luz, acompañar justo en el momento en el que se necesita un significado no sólo racional de una experiencia o de un silencio. 

 

Personalmente prefiero la lectura interna -valoro la poesía espectáculo, pero soy más lector que público (y más pájaro que rebaño, si me permitís la inmodestia). Busco la lectura íntima, en silencio, y vuelvo una y otra vez, casi cotidianamente, a los autores y a los poemas que en algún momento despertaron en mí resonancias e intuiciones, y se convirtieron en acompañamiento.

 

Por eso, no os extrañe que repita poemas ya publicados. No es mi intención con ello darme ninguna importancia. Mi única aspiración es que los poemas tengan la oportunidad de adquirir presencia. Y acompañar. Es decir,  dejar que ocurra el encantamiento que contienen.

sábado 0 comentarios

Esto no es un poema (1)

Imagen: Simon Becke.

 

 

Ese empeño de confundir la vida con lo lleno, 
con el ruido y con lo rápido, 
deja vacíos saturados de errores y agujeros, 
deja inercia en los actos,
y también -permitidme la metáfora- 
deja lleno de todo tipo de plásticos
el silencio.
Por eso, ahora, reivindiquemos
nuestro derecho a entretenernos sin mediadores,
a ejercer de curiosos sin pantallas de por medio,
a asombrarnos ejerciendo los cinco sentidos.
a asombrarnos sin necesidad
de pagar entrada para eso.
Reivindiquemos, siempre,  la posibilidad
de experimentar el mundo
haciendo uso de nuestros propios recursos,
y no sólo para pasar el rato,
sino sobretodo para adquirir conocimientos
sobre lo que nos rodea,
sobre lo que somos.
Reivindicar también, intensamente,
la práctica de nuestro derecho a no hacer nada, 
a no ser productivos,
a no acumular cada día informaciones inútiles,
y a escuchar sin decir nada,
y a no ser comunicativos ni acumulativos,
y a caminar despacio
sin ir a ningún sitio.
Esto no es un poema.

jueves 0 comentarios

¿Nueva normalidad?


Imagen: Rui Pantha


A mi tampoco me gusta la expresión ‘nueva normalidad’. Tendría sentido -no sé- si estuvierámos saliendo del franquismo, por ejemplo, o saliendo de un cuelgue, o de una patológica dependencia de alguna droga. Tendría sentido -no sé- si decidiéramos dejar socialmente alguna de nuestras muchas dependencias patológicas colectivas, por ejemplo el consumo de petróleo, o la dependencia del coche, o el consumo colectivo patológico de televisión, o la patológica dependencia de empequeñecer a los demás para sentirnos más grandes, o cosas así. Ante esos ejemplos, estaría dispuesto a adeptar esa expresión. Pero sino, suena, socialmente, como esa dudosa expresión 'y de prontro fui otro', que suele ser una expresión de interesada despersonalización.

Por eso, pediría -lo digo así, en condicional, pues se que esto no va a llegar a ningún lado- que el objetivo del final de las fases de la llamada ‘desescalada' no se denomine así, que se llame ‘normalidad’ a secas.

Sabemos por experiencia que los sucesos de la vida, sean personales o sociales, producen cambios en la normalidad siempre, día a día, año a año. La llamada ‘normalidad’ habitual nunca es fija, sino variable, y está marcada por sucesos personales y sociales que nos exigen cambios en la interpretración de la realidad. Esa variabilidad tendría que ser el destino de todo este esfuerzo social y personal. Pero que siga siendo ‘normalidad' es lo deseable. A secas.

Hasta llegar a la normalidad, propongo que se utilice la expresión 'normalidad alterada’ o 'normalidad forzada’ o ’normalidad viral,’ o alguna expresión así, siempre dando a entender que se trata de pasos de un proceso -que sin duda es necesario atravesar- para llegar a la normalidad.
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Libres libros


Imagen: Instalación de Chiharu Shiota


nube de conexiones textuales
red entre pensamientos
puente entre soledades
tela de araña ensalivada
con palabras y silencios
conversaciones en la distancia
encuentros fuera del tiempo
encuentros que letra a letra nos señalan
el camino de fuga o de regreso
libres libros


Improvisación para el día del libro 23/04/2020.
(Los libros y las plantas están siendo para mi dos buenas alas en esta cuarentena que ya pasa de cuarenta... -También la música y la pintura- Ánimo. Abrazos.
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Agradecimiento

Imagen: Denis Sarazhin manos.


Estuve recogiendo una medicina el pasado miércoles en la farmacia del Hospital de Txagorritxu. Con previsión, con mascarilla, con guantes, con miedo.
Paradojicamente todo estaba más vacío y tranquilo de lo que suelo encontrar. Por ejemplo, por primera vez subí solo en el ascesor hasta la cuarta. Por ejemplo, esperé menos que nunca mi turno, incluso fui atendido antes de la la hora asignada sin ningún problema. Todas las personas que encontré estaban más amables de lo normal, positivas y agradecidas, como quizás ocurra después de una batalla -qué sé yo de batallas, pero si sé que todas las batallas son grandes batallas. Unos a otros se preguntaban, y me preguntaban, qué tal qué tal, y expresaban sus buenos deseos y sus buenas esperanzas.
Fui silencioso y con respeto. Y en silencio y respetuoso, y agradecido -esto tantas veces se me olvida-, volví a mi confinamiento en casa.
No tengo ninguna duda. A este virus, pensando en proyección -y vista la actitud de los luchan muy cerca de él en el día a día- ya lo tenemos vencido. Quede como quede el campo de batalla. Pero esa es otra canción. 
Sólo expresar gracias. Y decir que es posible que la solidaridad sin interés -la solidaridad natural-  quizás sea la más bella expresión del amor.
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Aliados de expresión

Pequeño baúl de libretas

Llevar una libreta y tomar notas frecuentemente,  notas que acaban siendo semillas de poemas, o argumentos, o nada, es una costumbre que he mantenido intacta desde hace muchos años.  A esa libreta -que ya es una colección de libretas guardadas en un pequeño baúl, con los años anotados en sus lomos- concedí, sin apenas darme cuenta, un poder muy especial: mantener enfocada de vez en cuando mi atención en la energía que me llegaba desde el entorno y desde mí mismo, y ser espacio de encuentro entre las dos, captar cómo en ese espacio se transformaban las emociones en pensamientos y en sentimientos, y expresarlas con trazos hechos de palabras sobre un papel. 
Llevar junto a la libreta una cámara para hacer fotos frecuentemente. Y observar que mi mirar se pone entonces en una disposición especial para captar encuadres,  formas y planos, colores y sombras. También, de vez en cuando, llevar una pequeña caja de acuarela y jugar a pintar.
Una libreta y una cámara; y a veces, junto a ellas, una caja de acuarelas: qué grandes aliados de expresión han resultado para mí: sencillos, fieles, eficaces. Sin ninguna pretensión. Con la única intención de expresar. Intención cada día más consciente. Intención de simplemente ser.
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Si recordáramos



Imagen: Instalación de Wolfgang Stiller.

Si recordáramos cuándo vimos el fuego
 por vez primera, qué sentimos entonces, 
o qué brillo despertó en nuestro silencio;
si recordáramos el amor de quien nos retuvo
para que no nos quemáramos
en nuestro deseo de abrazarlo;
o qué creció en nosotros cuando alumbró
nuestro corazón
para siempre, sin remedio.
Si recordáramos también qué sombra sembró
la luz de ese momento,

quizás entonces un poco de humildad,
y pájaros hechos de horizontes y respeto,
o semillas de oro y de esperanza,
vendrían a posarme en nuestros truenos,
o quizás un poco de esa humildad del agua, 
que burbujea y se hace nube
cuando es abrazada por las llamas.
Quizás -no sé- si recordáramos
cuándo vimos el fuego por vez primera,
encontraríamos las raíces
tantas veces perdidas
del asombro.
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Esto no es un poema (3)


Imagen: Antonio Berni

 
ESTO NO ES UN POEMA (3)

Sin propia voluntad
¿puede haber consciencia?
Sin consciencia
¿se puede hablar de propia voluntad?
Sin solidaridad ni igualdad
¿se puede hablar de libertad?
Sin libertad
¿se puede hablar de democracia?
Para hablar de democracia
¿no sería necesario
ofrecer a cada persona
la posibilidad de ser dueña
de su propia voluntad?
¿Cómo se puede hacer eso
sin conocimiento?
Y sobre todo,
¿cómo se puede hacer eso
sin humildad?
Sin conocimiento
¿se puede hablar de libertad?
Sin consciencia, sin propia voluntad,
sin solidaridad, sin igualdad.
la democracia estará desdemocratizada.
¿Quién la democratizará?
Los democratizadores que la democraticen
buenos democratizadores serán.
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Periódico

Imagen: Oleg Duryagin.


Cuando abrió el periódico de aquel día tuvo la sospecha de que ya había leído alguna vez aquellas páginas. Era absurdo pensarlo, pero la impresión se impuso a todas las racionalizaciones posibles y buscó en los archivos hasta que efectivamente encontró el ejemplar: era exactamente el mismo. Sólo habían cambiado los nombres y las fechas.
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Cántaro. O cántara.



En todas las lenguas hay palabras especialmente bellas; por su sonoridad, o por la relación de su sonido con el significado, o por otras razones más subjetivas. En euskera hay muchas palabras que me sorprenden por su belleza. En castellano también.
Una de esas palabra que me gusta es ‘cántaro’. O ‘cántara’. Al oírla, imagino el recipiente de barro recibiendo el chorro de agua -o de vino- y enseguida me despierta sensaciones refrescantes, sonidos húmedos matizados por porosidad y fresca sombra.
No podría llamarse de otra forma ese objeto -pienso-, porque cuando está en su uso, efectivamente canta una muy bella canción y es como si sus notas quedaran en su interior retenidas, a la espera de ser de nuevo escuchadas por unos labios, grabada en su cóncavo silencio cántaro. O cántara.
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Fotografías

Imagen: Benito Herreruela.
 

Hay fotografías que envejecen en los ojos; de repente amarillean y se rasgan por las esquinas, poco después de que la mirada encuentre el encuadre para ver tras la cámara. Son fotografías hechas no de luz retenida, sino de pensamientos y sentimientos, de emociones craqueladas y de la fugacidad de la alegría o la tristeza de un instante.

Los ojos -que son sabios- saben, con cada parpadeo, que la mirada se convierte entonces en un naúfrago a la deriva en un mar de posibles imágenes. Ese naúfrago, deshidratado y hambriento, ha navegado arrastrado por corrientes desconocidas, somnoliento, entre nieblas y azar. 

Pero los ojos tienen la certeza que un día llegará a una isla desierta y que esa isla tendrá la forma de una pupila. Y saben que, aunque en la playa se encuentren huellas dejadas por otras pupilas, la isla siempre estará deshabitada.

Las fotografías son esas huellas.

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Elogio del agua


Acuarela (100x70 cm), Benito Herreruela, 1993.



He pasado mucha horas jugando con acuarelas, sobre todo con las líquidas. Sumergía en agua -en una bañera-, papeles grandes y los dejaba secar. Luego, con una brocha, volvía a humedecer algunas partes y lanzaba colores, saturados y diluidos, y me dejaba sorprender por las formas y colores que surgían. Puro juego. Sin ninguna pretensión de hacer arte.

Entonces vivía en una buhardilla y tenía acceso al tejado, en la parte baja de las ventanas; si empezaba a llover, cogía un papel con manchas de acuarela seca y por un instante dejaba que las gotas golpearan los colores creando diferentes tonos y volúmenes, servidos en bandeja para mi mirada y mi imaginación.

He compartido a menudo experiencias así en mis talleres con personas con autismo, con buenos resultados, persiguiendo objetivos de disfrute, desbloqueo de expresión y motivación. En vez de lluvia, hacemos salpicados, remojados, soplidos, dejamos que el agua con el color corra por la hoja y genere una experiencia intensa e incontrolable como la propia vida.

Como expresión de mis necesidades, más tarde dibujaba encima de las manchas resultantes, dejándome llevar por las propias formas surgidas del agua, resaltándolas con líneas blancas, o realizaba un ejercicio de proyección de imágenes internas sobre las formas de las manchas. Necesidades expresivas personales de aquellos días.

Pero observar y atrapar las formas cambiantes del agua fue finalmente lo quedó grabado en mi recuerdo: experimenté que sus formas eran las que resultan de todos los ritmos, movimientos y fuerzas que nos rodean. De ahí que predominaran formas curvas y espirales, como ocurre con el flujo y la corriente del agua en los ríos.

El agua no sólo se adapta a todas las formas y a todos los ritmos, no sólo contiene y refleja todo lo que la rodea, también expresa. Experimenté entonces que, en gran parte, somos expresión del agua. Sólo por conocer y sentir el agua, ya merece la pena haber vivido.

Carnaval, acuarela (70x50 cm), Benito Herreruela, 1993.
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Gotas de lluvia cayendo sobre la corriente de un río


Imagen: Masao Yamamoto

Un pequeño brillo se cuela algunas veces en nuestra mirada, como un rayo que entra en una grieta ordenando luz y sombras. Luego, la luminosidad se diluye como los sueños en la memoria.

Si en ese momento pudiéramos tomar una fotografía, o si esa luz quedara atrapada en palabras sobre un fondo oscuro, ¿creeríamos entonces que la atención es lo que importa?. 

Quizás sea cierto que el observador crea lo observado. Pero entonces también lo observado crea al observador, porque cada uno del otro es espejo y también reflejo.

Un pequeño brillo se cuela algunas veces en nuestra mirada. Las palabras intentan entonces suplantar a las cosas por su significado. Y lo experimientado acaricia o araña el fondo oscuro.

Pero finalmente, los ecos de las palabras también se apagan y sólo queda lo vivido, la experiencia del instante que enseguida será niebla,

gotas de lluvia cayendo sobre la corriente de un río.  

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Epigrama 5


Imagen: Achraf Baznani

 
Necesidad del tiempo
para burlar al tiempo:
necesidad de la sed
para poder saciarla.

Necesidad de vacío
para flotar en el vértigo:
necesidad de silencio
para poder hablar.

Hoy
es casi cuanto sé.
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La caverna


Fotografía: Elliott Erwitt

Estos, son también muros
en los que se proyectan sombras,
como en aquella caverna que imaginó Platón.
Entre estalactitas y estalagmitas, acumulaciones
de subidas y bajadas de ánimo, esperanzas y desalientos
que se filtran gota a gota por poros y paredes y silencios.

Vagamos entre muros llevando de un lado a otro ideas,
emociones, sentimientos y resentimientos, relatos y retratos,
sinceros o tratados con el ‘photoshop’ de la palabra;
llevamos de aquí para allá, sin movernos,
imágenes propias o tomadas prestadas,
filtradas por nuestros deseos o nuestros miedos,
objetos del pensamiento en todo caso,
luces y sombras proyectadas en nuestras pantallas
desde dentro. 
 
Estos, son también aquellos muros,
muros que contemplamos atados
con cadenas cada vez más invisibles,
cadenas hechas de sombras,
y sueños dentro de sueños.
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El arte visto desde hoy

                                                                               Imagen: Masao Yamamoto.
 

 


El arte visto desde hoy es como un gran árbol; 

un gran árbol al que le han crecido tantos troncos 

y en cada tronco han crecido tantas ramas,

y en cada rama, tantas ramitas que crecen cada día,

que ya nadie puede decir que atesora

una visión completa del gran árbol.

Pienso que hay muchos caminos abiertos;

y también muchos caminos bloqueados y podados

por tijeras utilitaristas.

Me pregunto si llegará un día

en el que los caminos sean tantos, 

que cada persona construya el suyo propio.

En realidad, eso somos: cada uno, un camino;

cada persona un árbol, una rama única, insustituible,

en el gran árbol de la vida.


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Las bocas calladas

Collage: Eugenia Loli


 
Los ojos cerrados. Los dedos ocupados en mantener bajados los párpados. Los gestos anestesiados por la repetición obsesiva de los actos mecánicos.

Los dientes desgastados de sujetar el anverso de los sueños. Los pies cansados de ir y de venir de aquí para allá persiguiendo y postergando deseos.

El corazón como una ciudad bombardeada: ventanas que cuelgan sin sus casas, puertas abiertas sin sus manos, pájaros sin sus alas, pájaros posados sobre escombros.

La vida que se enreda, no sé si buscando la luz o la sombra, como un hiedra escalando el tronco de un árbol que crece o decrece, no sé si hacia dentro o hacia fuera.

Entre muros rotos y humeantes, deseos buscando objetos, objetos con anzuelos camuflados, anzuelos disfrazados de dulces silencios imantados.

Los ojos cerrados. Las manos atadas. Las bocas, aunque hablan y hablan, y chillan y muerden y escupen y sangran, las bocas calladas. Quizás, ¿esperando?.


 
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