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 Gracias a Txus Amat por musicalizar 'Canción condicional'. Comparto aquí su trabajo.

 


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Bastaría ser conscientes de la lentitud

Imagen: Autoría desconocida.

 

Bastaría ser conscientes de la lentitud
con que la vida se convierte en piedra,
o entender cómo la luz
crea átomos, elementos y células, 
o tan sólo entender cómo se forma 
una brizna de hierba,
o cómo se deshace un sonido
hasta ser  indiferenciable
de lo que le rodea.
Bastaría ser conscientes
de una parte muy pequeña; 
bastaría para que la geometría de la vida
nos catapultara hasta las estrellas.
Bastaría ser conscientes de la lentitud.
Bastaría ser conscientes.
Bastaría ser.
Bastaría.
Basta. 
Qué importa decirlo. 
Qué importa.
Qué.
A menudo
resulta demasiado densa y veloz 
nuestra presencia.
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Esto no es un poema

 

Imagen: Atlas, Wlodek Krzeminski.


 


Construimos realidades socialmente. Las construimos a través de lenguajes. Las organizamos y mantenemos con palabras, con sonidos e imágenes, con misterios y silencios, con símbolos y señales, con gestos y signos.

Son realidades que heredamos y trasformamos, interpretamos y desgastamos, relatos y acuerdos que cada generación varía necesariamente un poco, narraciones compartidas desde la reacciones a los límites de la experiencia social.

Construimos realidades socialmente.

Las construimos también a través de olvidos, olvidos que son como las estaciones de un metro, estaciones de espera agujeradas en lo profundo del lenguaje.

Construimos realidades socialmente,

es decir, construimos relatos, narraciones, ficciones al fin y al cabo, porque ¿qué podemos hacer sino interpretar la experiencia? 

Esto no es un poema.


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El otro ojo del día

 

 

 
Maurits Cornelis Escher. 'Ojo'. 1946. Grabado a media tinta, 14,1x19,8 cm.

 

 

Escribo sin pensar, cogido de nada;
la luz me mira y me atraviesa.  
Pasan pensamientos veloces como rayos, 
pasan espacios de silencios agujereados,
escribo sobre el otro rostro del cuerpo, 
sobre el otro cuerpo de los rostros, 
escribo sobre el otro ojo del día.
Hace un momento subastaba sonidos, 
regalaba muecas de cristal;
luego, me atrapó el sonido del mundo, 
de puntillas y sin tirantes
como el viento a una hoja, 
me cogió suave e invisible. 
Siempre viene y me agarra, 
me arrastra dominante; 
luego, garabateo signos, 
escribo calles, sonidos, ojos, 
cosas en volumen; 
escribo manos, farolas, lluvia, 
cosas sin espacio.
Y más tarde vuelo distante, 
con una mano del día en los ojos
y el tiempo entre los dientes, 
camino quieto, 
arrastro olas de papel y espuma, 
mares de imágenes y de tinta, 
caravanas de sueños muy reales.
Hace un momento subastaba silencios,  
golpeaba voces de metal
en un noria poderosa. 
Ahora escribo sin pensar,  escribo
sobre el otro ojo del día.

 
(Del cuaderno de poemas 'El otro ojo del día', que recoje textos que escribí en 1979)


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Emociones

© Estate of Walter Chandoha, courtesy of Taschen.



Las emociones -me dijo
sin palabras-
no se interpretan,
se acompañan.
Entonces me sentí
como una luciérnaga en la noche
mirando el cielo estrellado.

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Estrategia


Imagen: Caligrama de Guillaume Apollinaire, de 1918.

 
No cuento esto para atribuirme ningún mérito. Es sólo una estrategia. Con frecuencia leo varios libros a la vez, una forma de camuflaje dirigida a burlar la tiranía de la lógica, un juego para emborronar cualquier pretensión de claridad de pensamiento.
 
Abro un libro, leo un verso -o varios-, o leo un párrafo -o dos-, y cambio rápido de libro; cambio cuando las palabras empiezan a convertirse en nieblas o en piedras, cambio cuando cuando las palabras se transforman en cadenas, en jaulas, en rejas.
 
Leo entonces otro verso, otro párrafo, sin orden, rápido, muy rápido, abriendo en cada lectura páginas elegidas al azar, páginas en las que anoto en los márgenes, de vez en cuando, palabras descascarilladas, ecos craquelados, resonancias de lo que la lectura agita dentro de mi.
 
Al fin y al cabo -pienso-, quizá sólo leemos realmente lo que ya está escrito dentro de nosotros. Lo demás, son infrasonidos y ultrasonidos -me digo-, o son sólo fantasiosos cuentos de  poder, o deseos de ser seducidos por la dulce voz de Sherezade.
 
Sherezade narrando eternamente las mil y una realidades para burlar la muerte.
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Selva de palabras (I)

Barbarians Marching to the West, Max Ernst, 1937




En aquella selva los árboles no tenían hojas sino plumas, y los únicos frutos disponibles en las ramas eran palabras. De ellas nos alimentábamos cada día y algunas podían verse caídas en el suelo de la selva, mordidas, simples sílabas, incompletas.
Yo era un primate más en un gran grupo de primates, y defendíamos con violencia nuestro territorio de palabras frente a otros grupos de primates rivales. Los puntos y las comas, las interrogaciones y las interjecciones se las dejábamos a los pájaros y nuestros excrementos, que caían desde lo alto de los árboles, era recogidos cada noche discretamente, ante nuestra indiferencia, por extraños primates que los utilizaban para alimentar su fuego.
Cuando llegaban épocas de sequías y las palabras colgaban secas de las ramas, nos volvíamos muy feroces. Entonces no dejábamos nada a los pájaros, incluso los cazábamos y luchábamos a muerte por la disputa de un punto, de una coma, de un interjección o un interrogación picoteada...
Y cuando alguno de nosotros encontraba puntos suspensivos aún no digeridos en el estómago de algún pájaro, regurgitaba palabras extrañas, no digeribles, palabras envenenadas; entonces, con urgencia, era preciso darle muerte: su vómito constante ponía en peligro nuestro territorio en la selva de palabras.

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Aprender a aprender

 

Imagen: Martin Waldbauer



"Lo mejor para las turbulencias del espíritu, es aprender. Es lo único que jamás se malogra. Puedes envejecer y temblar, anatómicamente hablando; puedes velar en las noches escuchando el desorden de tus venas, puede que te falte tu único amor y puedes perder tu dinero por causa de un monstruo; puedes ver el mundo que te rodea, devastado por locos peligrosos, o saber que tu honor es pisoteado en las cloacas de los espíritus más viles. Sólo se puede hacer una cosa en tales condiciones: aprender."
M. Yourcenar. Sources II (Gallimard, 1999)

Dedicado a todos los estudiantes que después de mucho -o poco- estudiar, llegan a la conclusión de que lo que lo único importante siempre fue aprender a aprender. Toda mi complicidad en esa intuición, y en ese sentimiento de que es lo único que se debería enseñar. Lo demás -sospecho- acaba siendo mercado.
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Convocatoria

(Texto escrito para el cuadro que aquí se reproduce,
de la 'Suite Menut', de Santos Iñurrieta.)

 

Dos islas en nuestro pensamiento:
una transparente, invisible a pesar de su peso;
la otra sostiene un cuerpo con la cabeza horizontal,
un cuerpo con ojos sin pupila ni párpados,
con dientes que quizás no tienen boca.
Dos nubes en nuestro sentimiento;
sobre la primera, vacío pero asombrado,
con una mano en el placer y el dolor como aliado,
el cuerpo transparente se asoma a ojos perdidos
que chocan como bolas de billar
se deslizan entre formas
que construyen miradas
carentes de sombras.
Dos islas, dos nubes, dos rocas;
y un globo hinchado cuyo centro es la cabeza,
un globo que crece y explota,
un goblo errante que una vez más
nos convoca.
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Del amor y la muerte

 

 

                                          Imagen: Alen Kopera.

 

El amor llena de ojos y de lenguas
las miradas que recortan las uñas y los días;
la muerte llega y regala alas a los ojos,
regala saltamontes de luz a las lenguas;
la muerte llega y escarba huecos
en los muros de las ausencias.
El amor pinta asombro y esperanzas
con su paleta llena de todas las gamas;
la muerte llega y mezcla todos los colores,
busca el blanco de que fueron origen
y el negro con el que se disfraza la noche
para resaltar las estrellas.
El amor sujeta con imperdibles de oro
los nombres y las fechas;
pero la muerte llega y los borra poco a poco
llenándolos de nieblas, de lluvias
y de hiedras.

 

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Aquí están todos

 

Imagen: Santos Iñurrieta, de la 'Suite Menut'.

 

Aquí están todos:

los generosos, los insolentes, 

los valientes y los asustados, todos

los colores, velos que transparentan lo escondido

y desvelan lo arañado, líneas 

que simulan ser hombre, mujer, perro o casa,

y también equilibrista disfrazada de araña,

o sombra de ocho brazos y cabeza acolchada,

o mirada perdida en el cielo,

que busca una sombra en su mapa,

o serpiente soñadora y borracha

que despierta asombrada,

con ojos de muñeca zarandeada.

Aquí están todas las líneas:

las generosas, las insolentes,

las valientes y las asustadas, todas

las líneas y las formas, todas

con su libertad

de ser nada.


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Libélula

 



Agosto es así. Llevaba algunos días que salía a caminar con una intención en mi pensamiento: conseguir unos primeros planos de alguna libélula. Había conseguido ya buenos contactos visuales, y había localizado al menos dos charcas y observado sus costumbres. Ayer por fín mi silencio encontró su silencio.

Libélula, 'belloser',
tan invariable y cercano al inicio de la vida,
cómo me gustaría experimentar,
por un sólo instante,
tus ágiles y transparentes alas
en el ritmo
de mi pensamiento...

 

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El tiempo pasa, pero no siempre avanza

 

Imagen: Juliana Kolesova

 

El tiempo pasa,  
pero no siempre avanza;
a veces gira, se retuerce,
como una peonza lanzada por un niño 
sobre la foto
de una galaxia.
Otras veces, como un reloj estropeado, 
el tiempo atrasa, 
se pone los apretados zapatos del pasado,
con tacones desgastados
que desequilibran y resbalan.
Y si tiempo es espacio
-como Einstein bellamente expresó-
y espacio somos -y por tanto, tiempo-, 
el espacio aprieta,  
pero no siempre abraza.
A veces, como un agujero negro,
nos traga y nos mezcla
irremediablemente,
en ese Todo que gira
-este poema es una peonza
lanzada por un niño-
en el centro de la Nada.
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La poesía es preplatónica

 

Imagen:  Alen-Kopera.

 

'Los poetas son presocráticos.'
Adam Zagajewski, en 'Asimetría'

 


1.

La poesía es preplatónica, 
Quizás, incluso, presapiens. 
Un verso es prefilosófico
y preámbulo ambulatorio 
de la intuición humana.
La poesía no sabe nada, 
es pregnóstica y preliteraria,
precientífica y premágica;
no hay en ella hipótesis, ni tesis,
ni conjuros, ni rituales, ni trucos, 
ni creencias, ni formularios.
La poesía es preórfica.
anterior a la creación humana
de esa artificiosa y desastrosa dualidad
entre cuerpo y alma.
A pesar de los típicos tópicos románticos,
que siguen atando a la poesía
tanto a lo utópico como a lo distópico,
la poesía -intuyo-  es preplatónica:
como preplatónico es el mismo amor,
y el desamor,
y el cielo, y el agua,
y las venas desnudas
de una hoja en otoño,
y tus ojos, y el viento.
 
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Resonancias

 

 

Muchos de los libros de mi biblioteca están subrayados, manchados, escritos en sus espacios en blanco, dibujados, marcados... He escrito muchos poemas en las páginas de libros que me gustan, he hecho subrayados que son dibujos, he dejado adrede manchas de café como huellas de lectura, o espontáneos trazos hechos con lápiz, expresión de la emoción que la resonancia de una lectura dejó en mi pensamiento...

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Ciegos de certezas

Imagen: Jean Labourdette



              
Decid a los vendedores de respuestas
que ya vamos ciegos de certezas
y que deslumbran nuestros ojos, 
y que con ellas en los párpados
no vemos los caminos.
Decidles que lo desconocido
es un mar sin límites
frente al pequeño charco
de nuestra existencia:
-todavía; a pesar de todas la religiones, 
y de todo el arte y toda la poesía, 
todavía a pesar de todas las escuelas de misterios; 
todavía, a pesar incluso de toda la tecnología
y de todas las teorías económicas,
y toda toda la ciencia-.
Decid -o mejor sugeridles-
a los vendedores de respuestas
que el respeto frente a ese mar que amamos,
-tan lleno de exclamaciones e interrogaciones, 
tan lleno de ser y de no ser, de vacíos y de deseos-
es como el asombro del recién nacido
en brazos de su madre, 
así como el asombro del marinero en su navío;
decidles que ese es -el asombro-, nuestro único asidero,
y nuestro único destino.
Id, sugedid a los vendedores de dogmas,
a los vendedores de alas prediseñadas y de cepos,
a los vendedores de etiquetas y de poesía pura e impura,
decidles -mejor sugeridles con la fuerza de los actos-
que ya vamos borrachos de certezas
y que añoramos humildad,
y que nos gusta el silencio,
y que seguimos reivindicando libertad, 
e igualdad y solidaridad.
Y que, finalmente, sólo queremos
amar.
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Durabilidad de los puentes

Imagen: Susanna Bauer.



Lo sabemos. Lo que importa no es la cantidad, sino la cualidad de nuestras relaciones - con los otros, con el mundo, con nosotros mismos-. 
Lo que importa son las capacidades de acción y atención conjuntas con las que nos declaramos cómplices en la creación de realidades.
Lo que importa -lo sabemos- no es la determinación de nuestros pensamientos -tantas veces hechos de harapos del pasado y de anzuelos lanzados en imágenes de futuro-, sino el brillo de su flexibilidad, la acción contorsionista con que se adaptan a la forma de un corazón, al vacío de un concepto o una mano.
Lo sabemos. Lo que importa no es el vislumbre excesivo, ni el breve deslumbre producido por nuestros lenguajes tan heridos por la Historia.     
Lo que importa, quizás, es la determinación de nuestra capacidad  de escucha, la callada luz de nuestro iris abierto, el poder de descodificación que el silencio otorga a nuestros sueños.
Lo que importa no es la cantidad de máscaras que somos capaces de poner  y quitar en nuestra nuca o en nuestra cara tantas veces por minuto. 
Lo que importa -lo sabemos- es la calidad de los puentes, la durabilidad de los puentes,
y esas ramas que crecen en silencio y que acaban entrelazando un vacío y otro vacío.
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Esto no es un poema (2)


Imagen: Anidación de aves en el templo de Horus, en Egipto.

Creamos realidades socialmente. Las creamos compartiendo lenguajes. Las organizamos y mantenemos cuando damos y recibimos palabras e imágenes,  gestos y signos, símbolos y señales. 
Creamos realidades. Tantas veces con uñas, con ojos sin pápados, con dientes. Creamos realidades. El arte bien lo sabe. El arte de cualquier cultura, de cualquier tiempo. El arte, que no es la realidad. Tampoco soy de los que piensan que la realidad es arte.
El arte es sólo la Gran Metáfora. Nos habla de cómo creemos y cómo creamos. La realidad está al otro lado del puente, esperándonos. La Gran Metáfora está en los museos, en las cuevas, en los templos, en los teatros, en los libros; la Gran Metáfora está en la calle.
Creamos realidades socialmente. Las creamos también a través de vacíos, de ausencias y silencios. Vacíos que son el hueco del nido en el que incubamos la metáfora. Ausencias que son vuelos en busca de ramas para construir nidos. Silencios que son protección para permitir el crecimiento de lenguajes.
Construimos realidades. Es decir, construimos relatos. Porque ¿qué podemos hacer sino interpretar, reinterpretar y sobreinterpretar, una y otra vez, la experiencia?

(Para el Día Internacional de los Museos 2020)


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Encantamiento



Imagen: Wolfgang Lettl.


Los poemas, hermanos de la música, también piden, como ella, ser repetidos; piden ser releídos y reinterpretados una y otra vez, en tiempos y espacios diferentes. Ocurre así probablemente porque los poemas necesitan adquirir presencia, para llegar a ser acompañantes -como la música- del pensamiento y el sentimiento. Necesitan acoger, como el nido acoge al pájaro,  a la emoción de alas inquietas o agotadas.
 
Como en la música, en un poema la repetición de su edición y su relectura es esencial para que suceda el encantamiento, que no es otro que el de aspirar a ser sombra y luz, acompañar justo en el momento en el que se necesita un significado no racional de una experiencia o de un silencio. 
 
Personalmente prefiero la lectura interna -valoro la poesía espectáculo, pero soy más lector que público (y más pájaro que rebaño)-,  prefiero la lectura íntima, en silencio, y vuelvo una y otra vez, casi cotidianamente, a los autores y a los poemas que en algún momento despertaron en mí resonancias.
 
Por eso, permitidme que de vez en cuando repita algún poema. No es mi intención con ello darme ninguna importancia. Mi única aspiración es que sea escuchado con el mismo derecho que una canción, y que encuentre en esa escucha su merecido significado de ser un abrazo o empujón, en  todo caso sólo acompañamiento simplemente humano.
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Las bocas, como un cuadro de Francis Bacon


Imagen: Francis Bacon, 1952.

Los ojos, cerrados. 
Los dedos ocupados
en mantener bajados los párpados.
Los gestos, anestesiados 
por la repetición obsesiva de los actos mecánicos.
Los dientes, desgastados
de tanto morder con ansiedad los huesos de los sueños.
Los pies, cansados
de ir y de venir de aquí para allá
persiguiendo y postergando deseos.
Mientras, el corazón
como una ciudad bombardeada:
ventanas que cuelgan sin sus casas,
puertas abiertas sin sus manos,
pájaros sin sus alas posados sobre escombros.
La vida que se enreda, 
no sé si buscando luz o sombra,
se enreda como hiedra que escala; 
no sé si crece o decrece,
no sé si hacia dentro o hacia fuera,
la vida que se enreda 
entre muros rotos y humeantes, 
entre objetos con anzuelos camuflados
entre dulces silencios imantados.
Los ojos, cerrados. 
Las manos, atadas.
Y las bocas, aunque hablan y hablan,
y chillan y muerden y sangran y atacan,
las bocas, como un cuadro de Bacon 
colgado en el perfil de una sombra.
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Esto no es un poema (1)

Imagen: Simon Becke.

 

 


Ese empeño de confundir la vida con lo lleno, con el ruido y con lo rápido, deja vacíos saturados de errores y agujeros, deja sólo inercia en los actos, y deja, sobretodo -permitidme la metáfora- lleno de todo tipo de plásticos el silencio. 

Por eso, ahora, reivindiquemos nuestro derecho a entretenernos sin mediadores, a ejercer de curiosos sin pantallas de por medio, a asombrarnos ejerciendo los cinco sentidos. Reivindiquemos -siempre-la posibilidad de experimentar el mundo haciendo uso de nuestros propios recursos, y no sólo para pasar el rato, sino, sobretodo, para adquirir conocimientos sobre lo que nos rodea, sobre lo que somos. 

Reivindicar también -intensamente- la práctica de nuestro derecho a no hacer nada, a no ser productivos, a no acumular cada día informaciones inútiles, a escuchar sin decir nada, a no ser comunicativos ni acumulativos, 

y a caminar despacio sin ir a ningún sitio. 

(Esto no es un poema).

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¿Nueva normalidad?


Imagen: Rui Pantha


A mi tampoco me gusta la expresión ‘nueva normalidad’. Tendría sentido -no sé- si estuvierámos saliendo del franquismo, por ejemplo, o saliendo de un cuelgue, o de una patológica dependencia de alguna droga. Tendría sentido -no sé- si decidiéramos dejar socialmente alguna de nuestras muchas dependencias patológicas colectivas, por ejemplo el consumo de petróleo, o la dependencia del coche, o el consumo colectivo patológico de televisión, o la patológica dependencia de empequeñecer a los demás para sentirnos más grandes, o cosas así. Ante esos ejemplos, estaría dispuesto a adeptar esa expresión. Pero sino, suena, socialmente, como esa dudosa expresión 'y de prontro fui otro', que suele ser una expresión de interesada despersonalización.

Por eso, pediría -lo digo así, en condicional, pues se que esto no va a llegar a ningún lado- que el objetivo del final de las fases de la llamada ‘desescalada' no se denomine así, que se llame ‘normalidad’ a secas.

Sabemos por experiencia que los sucesos de la vida, sean personales o sociales, producen cambios en la normalidad siempre, día a día, año a año. La llamada ‘normalidad’ habitual nunca es fija, sino variable, y está marcada por sucesos personales y sociales que nos exigen cambios en la interpretración de la realidad. Esa variabilidad tendría que ser el destino de todo este esfuerzo social y personal. Pero que siga siendo ‘normalidad' es lo deseable. A secas.

Hasta llegar a la normalidad, propongo que se utilice la expresión 'normalidad alterada’ o 'normalidad forzada’ o ’normalidad viral,’ o alguna expresión así, siempre dando a entender que se trata de pasos de un proceso -que sin duda es necesario atravesar- para llegar a la normalidad.
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La tristeza y el agua

Imagen: Francis Bacon.



La tristeza y el agua se parecen
como se parecen el viento y el pájaro, 
la llama y la alegría, 
la sangre y la guerra.
Sus transparencias reflejan lo que las rodea
mientras distorsionan ligeramente
las formas y los significados.
Como el agua, 
la tristeza también se estanca, 
pero otras veces corre
y salta en cascadas,
y se evapora y llueve.
La tristeza y el agua se parecen.
Las dos son naturales y necesarias, 
las dos adaptan su forma al continente 
que la contiene;
las dos mojan y siempre pasan
y como ocurre con aquel baño en el río
-se sabe-,
tampoco nos bañamos
en la misma tristeza
dos veces.
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Libres libros


Imagen: Instalación de Chiharu Shiota


nube de conexiones textuales
red entre pensamientos
puente entre soledades
tela de araña ensalivada
con palabras y silencios
conversaciones en la distancia
encuentros fuera del tiempo
encuentros que letra a letra nos señalan
el camino de fuga o de regreso
libres libros


Improvisación para el día del libro 23/04/2020.
(Los libros y las plantas están siendo para mi dos buenas alas en esta cuarentena que ya pasa de cuarenta... -También la música y la pintura- Ánimo. Abrazos.
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Agradecimiento

Imagen: Denis Sarazhin manos.


Estuve recogiendo una medicina el pasado miércoles en la farmacia del Hospital de Txagorritxu. Con previsión, con mascarilla, con guantes, con miedo.
Paradojicamente todo estaba más vacío y tranquilo de lo que suelo encontrar. Por ejemplo, por primera vez subí solo en el ascesor hasta la cuarta. Por ejemplo, esperé menos que nunca mi turno, incluso fui atendido antes de la la hora asignada sin ningún problema. Todas las personas que encontré estaban más amables de lo normal, positivas y agradecidas, como quizás ocurra después de una batalla -qué sé yo de batallas, pero si sé que todas las batallas son grandes batallas. Unos a otros se preguntaban, y me preguntaban, qué tal qué tal, y expresaban sus buenos deseos y sus buenas esperanzas.
Fui silencioso y con respeto. Y en silencio y respetuoso, y agradecido -esto tantas veces se me olvida-, volví a mi confinamiento en casa.
No tengo ninguna duda. A este virus, pensando en proyección -y vista la actitud de los luchan muy cerca de él en el día a día- ya lo tenemos vencido. Quede como quede el campo de batalla. Pero esa es otra canción. 
Sólo expresar gracias. Y decir que es posible que la solidaridad sin interés -la solidaridad natural-  quizás sea la más bella expresión del amor.
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De paradas y paradojas

Imagen: Ciro Palumbo.


De pronto, la mutación de un virus
nos ha apartado de nuestro camino
(a veces la naturaleza nos devuelve
los gestos incoscientes
con que nosotros la tratamos).
Un invisible virus nos recuerda 
que lo invisible también existe
y nos obliga sin elección a pararnos. 
Así, frente a nosotros mismos,
abrazados sin remedio a nuestra luz
y a nuestra sombra,
sin reflejarnos por unos días
en el espejo de los otros,
tal vez nos recreemos, nos veamos.
Extraviar el centro del día a día
-que nos ayuda a llevar lo desconocido-
quizá borre por un tiempo algunas respuestas
y nos renueve airadas algunas preguntas.
Menos mal que a estas alturas
sabemos que la muerte siempre acaba
afirmando la vida,
y que toda presión acaba en expansión,
y que toda prisión voluntariamente construida
ayuda a que crezca:
el saber hacer lo que uno quiere,
el querer hacer lo que uno sabe,
con amor y libertad.
Me manejo bien -ya veis- con las palabras,
pero en realidad -os aseguro- 
no sé cómo acabar 
-sin decir lo que ya se sabe-
este poema.
 
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