Mis encuentros imaginarios con poetas no se han diferenciado mucho de mis encuentros con algunos músicos. Han sido encuentros con menos palabras, pero no con más silencios.
Encuentro con Miles Davis
Mis encuentros imaginarios con poetas no se han diferenciado mucho de mis encuentros con algunos músicos. Han sido encuentros con menos palabras, pero no con más silencios.
Dos altas montañas: una con aristas cortantes e iluminadas, símbolo de la realidad; la otra siempre envuelta entre nieblas, símbolo de ideales y de sueños.
Entre esas dos montañas un día encontré un Gran Lago. Sobre la superficie de sus aguas empecé a escribir palabras que reflejaran lo que estaba experimentando. Nunca sospeché lo que ahora atesoro: la inabarcable profundidad de esas aguas, la ferocidad y la belleza de su naturaleza, los ocultos valores de sus fondos.
La primera palabra que escribí fue Libertad. Esa era mi primera necesidad. Luego, sin apenas haber conseguido esa primera, Amor. Así fue como golpeé con mis puños en la puerta de la vida.
Un día, una pequeña ola borró el eco de esas dos palabras y una puerta se abrió misteriosa y chirriante. Poco después -qué importa aquí el tiempo-, una lluvia de sentimientos cayó sobre la superficie del Lago. Durante algunos años llovió como si la vida fuera sólo un diluvio de palabras y emociones, un golpearse contra muros hechos de miedos, desafíos e inercias. (Y recuerdo que cada gota de lluvia contenía un misterio. Cada emoción era entonces un signo de interrogación).
Cuando acabaron aquellas lluvias, pensamientos sin forma flotaban en la superficie de las aguas como astillas rotas, restos caóticos de un bosque destruido, formas desafiantes de un puzzle inacabable. Siguieron más tarde años de preguntas, interrogaciones sin fin cuyas respuestas eran nuevas preguntas que resquebrajaban el suelo de la razón con profundas grietas y continuos terremotos rotundos e impredecibles.
Después de algunos años (el tiempo poco importa en este texto), sobre una roca saliente del Lago, apareció antes mis ojos una figura que era yo mismo. Entonces no fui capaz de ver la importancia, pero ese desdoblamiento resultó ser un distanciamiento fundamental, cambió mi punto de vista y me llevó a ser el observador de mis sentimientos y pensamientos. Fue el inicio de la búsqueda de qué era mi voluntad.
¿Qué era lo que yo quería? (Y aquí la palabra 'yo' está escrita muy adrede). La pregunta resonó durante años en cada uno de mis actos, y parecía, quizás pura ilusión, un sentimientos con mis pensamientos y acción.
Ahí no acabó la búsqueda. La voluntad -y su sombra la libertad- eran un reflejo más en las aguas sobre las que escribía. Cuando quise ir más allá, necesitaba una luz, un aglutinante que soldara los sentimientos con los pensamientos y la acción, pues frecuentemente se oscurecían y deshilachaban como nubes de tormenta, y sus rayos deterioraban mi energía.
Lo encontré donde siempre había estado, dentro de mí. Ese aglutinante era la atención. Pero había que liberarla porque estaba -está- a menudo secuestrada. Desde entonces ese es mi trabajo, un trabajo sin fin, la escritura sobre el agua: ser dueño y señor de mi propia atención.
Pero esa es ya otra historia. Y amanece. Y el amanecer siempre cambia cualquier narración. Quizás mañana.
![]() |
| Foto: Laurent Laveder |
Flor para la tumba de Breton
Con los pies llenos de alas y cafés con leche,
hago una flor con las cenizas de todas las palabras:
campanas que son armas terribles tu inquieta boca,
cuando el pelo deja de ser nido para ser pájaro,
o cuchillo que partiera el tiempo en dos mitades,
o piedra o puño que de ojo a ojo rompiera la mentira
hilvanando esta suma de instantes no seguidos.
Con los ojos llenos de lenguas y alcohol barato
compongo esta estatua hecha del perfil de un grito,
eco que nombra la muerte como el acto más surreal,
eco que ayuda al parto de ciudades embarazadas de hilos.
Cuando las horas se abren dejando paso al silencio,
qué dar que no sea un insondable abismo:
la máxima desnudez siempre será el mayor vértigo:
llegar al ser desnudo y primero que siempre fuimos.
Toco tu boca: el texto como música
Ya he jugado otras veces a reencontrarme con textos que tienen una significación especial para mí. Mi frágil memoria quizás no recuerde las palabras de esos textos que algo tocaron dentro, pero nunca olvido las sensaciones que despertaron, las imágenes que me ayudaron a construir, los pensamientos y sentimientos que crearon una resonancia difícil de ignorar en mis propios sentimientos y pensamientos .
Con ciertas lecturas ocurre como tan frecuentemente sucede con la música -son también ritmo, música-, que quedan asociadas a un tiempo, a un espacio, a circunstancias muy concretas. Más tarde pueden -como la famosa magdalena de Proust- ser un detonante de insospechados recuerdos; y cuando despiertan cambian, se adaptan a nuevas situaciones, se transforman en paisajes de palabras, espacio internos, realidades paralelas que acaban fundidas con los propios sueños.
Así, el capítulo 7 de Rayuela, de Julio Cortázar:
que no buscan, líneas sin intención, líneas
Ese árbol que es todos los árboles
![]() |
| Imagen: Chema Madoz |
Si a una isla que a la vez que desierta fuera un desierto pudiera llevarme sólo una imagen, sin duda elegiría la imagen de un árbol. Si con esa imagen yo consiguiera que un árbol creciera, primero en mi interior, luego en cualquier lugar de la isla, ya dejaría de ser un desierto y pronto también de estar desierta; porque un árbol, tanto en la naturaleza como en imagen interna, es sinónimo de vida.
Los árboles me han fascinado desde que era un niño. Entonces vivía -allí nací- en un valle cercano al Valle del Jerte, el Valle del Tiétar, en Valverde de la Vera, y la naturaleza -y por tanto las sensaciones y la experiencia- se imponía por encima de cualquier pensamiento. Desde entonces siempre tengo un árbol dentro. Ese árbol, que es todos los árboles, es un tesoro incalculable.
Creo que todos tenemos un árbol dentro; cuando ese árbol se borra y en su lugar aparece una línea recta de un sólo sentido y de una única dirección, una línea perfecta y muerta como solo la mente humana es capaz de hacer líneas muertas y perfectas, entonces en la isla sólo nos queda un gran agujero sin fondo, un agujero en el que sólo caben vértigo y nada. Una nada que es desconexión en primer lugar con nosotros mismos, y luego con el mundo que nos rodea. Entonces, cualquier barbaridad es posible.
Ahora pienso que mi isla es ya en realidad un gran árbol y no está rodeada de mar, sino de alas y de aire.
Volver a la escritura como experiencia
Yo no tengo mucho de valor, es verdad; pero algo que valoro y que guardo como un ancla de oro que me fija al mundo, es mi vivencia con las palabras. No hablo de escribir bien o mal, ni de publicar y/o hacer libros, ni de ser o no conocido, ni mucho menos de vender o no vender: eso siempre han sido cosas que pasan, cosas que suceden a quiénes les sucedan… Y está bien. Para mí siempre ha sido algo impensable vivir de la escritura. Y menos en estos tiempos.
Pero mi hacer con las palabras, aunque no me ha permitido ganar dinero, me ha enriquecido, y mucho, y sigue siendo una experiencia apasionante que aun hoy, en estos tiempo de general desencanto, me aporta una energía interna que me recuerda siempre al niño que fui y que me lleva de aquí para allá buscando y buscando…
También creo que sí, que se ha de escribir con un destino. Pero ese destino -descartada la posibilidad de ganar dinero- lo cumple, lo ha cumplido para mí siempre, ‘esa pequeña humanidad’ que nos rodea en el día a día, esas personas de gran humanidad con las que sí hemos podido compartir lo que hemos escrito. A veces es suficiente. Al menos lo ha sido para mí.
Pero para eso quizás haya que regresar, en otra vuelta del destino, a la escritura como -vital- experiencia.
Lo demás, son cosas que pasan.
Ahora, sobre mi mesilla de noche,
veo la cara de una rosa seca.
Miro su boca retorcida, del color de la tierra,
una boca agonizante que me habla del pasado.
Me niego a escucharla; prefiero mirar
la luz azul de mi lámpara de noche:
hay rasguños en la pintura que recubre su cristal
y veo en ellos un perro alargado bebiendo
en las aguas quietas de un río;
a su lado, saltando asustada, una rana
busca las hierbas más espesas de la orilla.
Las huellas de mis dedos sobre el cristal de la bombilla
son algunas de las hierbas que alimenta ese río.
Cada cosa es también muchas otras.
Las definiciones no valen nada;
son sólo el vacío de un sueño,
el hueco de un ala.
Dos ojos para ver el mundo
y las imágenes del mundo.
El mismo sistema perceptivo
se enfrenta continuamente a dos realidades
iguales y distintas a la vez.
Cualquier pretendida realidad
sólo puede ser
pura paradoja.
Construimos realidades socialmente.
![]() |
| Acuarela: Benito Herreruela |
[1977]
Propoemas & Sumatorio de instantes incluye textos publicados en Máscara, Lux Daemoniorum, Amilamia y Naturaleza Impresa, revistas de creación literaria de Vitoria-Gasteiz, en las que colaboré en los ochenta y en Gemma, una revista de Bilbao. También incluye muchos nuevos textos y poemas escritos desde la creación de este blog -en 2014- hasta la actualidad.
Acompaño los textos con dibujos y acuarelas propios, realizados en diferentes años, y fotografías, algunas propias, y otras cuya autoría señalo siempre que me es conocida.
ESCRITURAS Y OTRAS 'TURAS'
En los noventa fui abandonando poco a poco la escritura, o como solía decir, la escritura me abandonó. En aquellos años empecé a trabajar como profesor de dibujo infantil en actividades extraescolares, y en los centros cívicos de Vitoria-Gasteiz con cursos de Iniciación a la práctica artística. También estuve experimentando procesos creativos relacionados con distintas técnicas de dibujo y pintura, sobretodo con acuarela y pintura sobre telas (seda y algodón principalmente).
En esa época quizás se me recuerde vendiendo en ferias de artesanía camisetas pintadas a mano, acuarelas y óleos de pequeño formato entre otros objetos.
TALLERES DE EXPRESIÓN
En 1997 decidí compartir experiencias con la escritura; no tanto publicando los poemas escritas hasta entonces, sino provocando y acompañando experiencias significativas con la escritura. Entonces cree los Talleres de Escritura Creativa Albatros, en los que animé grupos de expresión escrita.
En el 2000 me propusieron dirigir talleres de escritura creativa y pintura en ASAFES, la asociación de familiares y personas con trastornos mentales de Alava). Estuve con esos talleres hasta el 2006. Los objetivos para las personas que participaron no fueron tanto de adquirir conocimientos de técnicas literarias, sino facilitar la expresión y comunicación.
También en el año 2000, desde la Asociación Arazoak -ahora Autismo Araba-, me propusieron trabajar objetivos de expresión a través de técnicas artísticas con personas con TEA (Trastornos del Espectro Autista); un apasionante reto con el que continúo actualmente, tanto en el Centro de Día Landaverde, como con actividades programadas por la propia asociación.
UN LIBRO HACIÉNDOSE
Propoemas & Sumatorio de instantes es un libro de poemas que se está haciendo. Lo estoy realizando y compartiendo su elaboración desde este blog. Por eso no es extraño ver correcciones de un día para otro, cambios en palabras, contenidos, e incluso cambios en los títulos.
Desde mediados de Mayo de 2016 estoy publicando paralelamente en Facebook (https://www.facebook.com/BenitoHerreruela) poemas y nuevos textos que incluyo en este blog.
Todavía no tengo claro si estoy haciendo un libro o dos o ninguno. Quizás Propoemas acabe siendo un libro de poemas y Sumatorio de Instante -si no cambio títulos- sea un libro diferente, un libro de Poemas en prosa y textos poéticos. Como estoy en pleno proceso, todavía no sé a dónde me llevará este proyecto..
Me gustaría que Propoemas & Sumatorio de Instante tomara forma de libro impreso en algún momento. Nunca he tenido prisa para publicar. Tampoco me ha atraído la auto-edición, ni presentar trabajos a concursos. Siempre he pensado -como decía John Berger- 'que la palabra "poeta" es un adjetivo. Un adjetivo que no tiene nada que ver con el término "poético". Cuando se dice "es poeta" se describe una cualidad. Por eso no me parece apropiado autocalificarse "poeta". Mejor dejar que juzguen los otros. El lector y sólo el lector puede confirmar si un poema es un poema y un poeta, poeta. Esta convicción, o más bien obsesión, me impidió publicar o incluso pensar en publicar, un libro de poemas, pues obviamente con ello me estaría autoproclamando poeta'.
CUADERNILLOS
Estos poemas son una selección de textos de diferentes cuadernillos, en los que fueron escritos a mano. Nunca los llamé libros, pero sí los diferencié con distintos títulos:





















- Soy breve, pero no tanto!
- "Sígue mis poemas en Facebook!
- RSS
Contacto