sábado

Escribir

Fotografía: Masao Yamamoto


Escribir no es un actividad grata. Interiormente sí, pero no siempre: sólo de vez en cuando. Mantiene la atención en cosas que importan. A saber: qué están tramando pensamientos y sentimientos mientras tomas el café de la mañana, qué emociones alimentan los impulsos cuando empieza o se acaba el amor o cuando no llega el dinero y sí llega la rabia,  o qué sientes cuando observas la injustica disfrazada de leyes o de pantallas,...y cosas así, hasta llenar muchas páginas.

A veces se dice que escribir es una manera de meterse dentro de uno mismo, y lo es sin duda. Pero con el tiempo resulta ser una manera de tomar distancia. Tomar distancia para ver el mundo. Y para verse. Socialmente, sin embargo,  no resulta una actividad grata. Pero no siempre: sólo de vez en cuando. Los poetas están tan lejos de la poesía como los astronautas de las estrellas, o los guías turísticos de las lugares que muestran, tan lejos como los profesores están de lo que enseñan, o los arqueólogos de las cosas que desentierran. Lo que pasa es que a base de nadar uno llega a ser río, aunque nunca sea agua. Siempre me ha interesado la poesía; pero no siempre, sólo de vez en cuando, los poetas. Y me incluyo.

Supongo que, como decía Gelman, escribimos porque tenemos un pájaro dentro que necesita cantar. Necesita hacer pío pío porque su naturaleza es hacer pío pío. Así vamos dando presencia a nuestro canto, a nuestras alas y a nuestro árbol en medio de tantos otros sonidos de la selva, y de tanta sombra y tanto frío y tanto árbol. Luego está todo eso que les ocurre a los pájaros cuando llega el invierno y meten la cabeza debajo de un ala, o se quedan dormidos sobre una pata, sobre una rama que tiembla… Y también ellos tiemblan.

Pero eso es ya otra canción. Y a mí lo que realmente me gusta es el silencio. Aunque no siempre: sólo de vez en cuando.

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