jueves

Son tormentas prefabricadas las que nublan el cielo

Fotografía: Sarolta Ban

“Todo poema corre el riesgo de carecer de sentido,
y no sería nada sin ese riesgo.” J. Derrida


Llueven imágenes sobre los tejados, las avenidas y las autopistas del mundo. Son tormentas prefabricadas las que nublan el cielo, relámpagos que crean deseos prefabricados. Deseos que no nos pertenecen.

Llueven imágenes autoluminiscentes, con una luz tan potente que no deja ver las estrellas; una luz fuerte y sin sombras, que no deja ver la noche. Una luz que se disuelve y se mezcla y se confunde con la luz del día. 

Llueven imágenes sobre los automóviles, las salas de espera y los bancos del mundo. Son imágenes que rompen la realidad, la arrugan, la agrietan. Las imágenes: los únicos espejos en los que nos miramos. Luego, nos vemos llenos de grietas, deformados, arrugados, deslumbrados por tanto autobrillo. Y por las grietas surge la desolación con su brillante aliento helado.

Llueven imágenes sobre las fábricas, las escuelas, las universidades. La tormenta prefabricada es tan espesa que empapa cuerpos que enseguida se transforman en brillantes armaduras: pulcras, lisas, pulidas armaduras. Férreas pieles de rígidos caballeros que cabalgan sobre caballos sin sangre. 

Llueven imágenes sobre los corazones y hay barcos que navegan en la sangre. Sobre los rostros se confunden con las lágrimas; sobre las manos se confunden con los dedos.

Son tormentas prefabricadas las que nublan el cielo, relámpagos que crean deseos prefabricados. Deseos que chocan y se reflejan hasta no dejar ver más que un vértigo prefabricado, un vértigo que empequeñece al ser.


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