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Recordando a Lorca

Imagen: Susana Blasco.


Huye luna, luna, luna,
si te alcanzaran los mercados
harían con tu corazón
dulces y rentables helados.
 
 
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Límites (2)

Imagen: Alen Kopera


Primero creamos el mundo
a la medida de nuestras manos.
Luego lo ampliamos, lo extendimos
a la medida de nuestros pasos.
Más tarde lo fuimos modelando,
adaptándolo a los límites
de nuestros ojos.

Finalmente, nos dimos cuenta:
el mundo, como el agua,
que toma la forma
del recipiente que la contiene,
adopta siempre los límites
de nuestro pensamiento.

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Aire sobre fuego

Imagen: Atardecer en el pantano, Benito Herreruela., 2017
 
Fuego sobre agua:
la intermitencia
de los reflejos del sol
sobre el agua
del pantano.

Aire sobre agua:
la textura
de pequeñas olas
que avanzan
hacia la orilla.

Aire sobre fuego:
un pájaro
posado en mi mirada,
vigilando
el atardecer.
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Donde cuento lo que me dijo una flor


Imagen: 'Violeta', Benito Herreruela.

acabo de escuchar a una flor
no, no estoy hablando con metáforas
no quiero saber nada ahora de versos
me ha dicho
que no es para nosostros que hace su color
-su color es un rosa violeta bello e incuestionable-
me ha dejado con la boca abierta
quién lo iba decir
yo que pensaba
que esos maravillosos colores
era un regalo para mi existencia
y para ti y para para mi
un regalo de la naturaleza

pero no
nada que ver con esos pensamientos
resulta que nada nada tiene que ver su color
con lo que hagamos o dejemos de hacer los humanos

eso me ha dicho
me dice que les damos igual
 -ya sé que suena fatal-
 como si nos extinguimos -me dice-
seguirán

bueno,  dejo esto escrito
os cuento lo que me dijo una flor
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Espejos

Imagen: Victoria Audouard



Callar es presentar
un espejo cóncavo.

Cuando hablamos,
lo transformamos

en un espejo convexo.
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Master

Imagen: Masao Yamamoto



Hoy, mientras paseaba,
he asistido a un master
sobre el color,
dirigido
por mariposas. 
 
Sería adecuado;
pero no sé
cómo podré
hacerlo constar
en mi curriculum.
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Habrá que volver a leer

Imagen: Elen Kopera


Habrá que volver a leer 
lo que escribe la luz
en lo profundo de la risa
o de la tristeza;
leer lo que dice cada canción
detrás de su máscara,
o lo que escribe la lluvia
en las grutas del placer
o del dolor;
leer de dentro hacia fuera,
como leen los volcanes
y los arboles,
leer para cambiar el mundo,
sin interferencias.
Y si nos sentimos solos,
si el tacto no encuentra
la escalera hacia el código,
no importa,
lo de abajo y lo de arriba
se corresponden -se sabe-,
y resuenan entre sí,
por hermandad,
los átomos y las estrellas.
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Gotas de lluvia cayendo sobre la corriente de un río


Imagen: Masao Yamamoto

Un pequeño brillo se cuela algunas veces en nuestra mirada, como un rayo que entra en una grieta ordenando luz y sombras. Luego, la luminosidad se diluye como los sueños en la memoria.

Si en ese momento pudiéramos tomar una fotografía, o si esa luz quedara atrapada en palabras sobre un fondo oscuro, ¿creeríamos entonces que la atención es lo que importa?. 

Quizás sea cierto que el observador crea lo observado. Pero entonces también lo observado crea al observador, porque cada uno del otro es espejo y también reflejo.

Un pequeño brillo se cuela algunas veces en nuestra mirada. Las palabras intentan entonces suplantar a las cosas por su significado. Y lo experimientado acaricia o araña el fondo oscuro.

Pero finalmente, los ecos de las palabras también se apagan y sólo queda lo vivido, la experiencia del instante que enseguida será niebla,

gotas de lluvia cayendo sobre la corriente de un río.  

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Epigrama 5


Imagen: Achraf Baznani

 
Necesidad del tiempo
para burlar al tiempo:
necesidad de la sed
para poder saciarla.

Necesidad de vacío
para flotar en el vértigo:
necesidad de silencio
para poder hablar.

Hoy
es casi cuanto sé.
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Si recordáramos

Imagen:  Rene Magritte, The Poet recompensed, 1956.


 
Si recordáramos cuándo vimos el fuego
por vez primera, 
qué sentimos entonces, 
o qué brillo despertó en nuestro silencio;
si recordáramos el amor de quien nos retuvo
para que no nos quemáramos
en nuestro deseo de abrazarlo;
o qué creció en nosotros cuando alumbró
nuestro corazón
para siempre, sin remedio.
Si recordáramos también qué sombra sembró
la luz de ese momento,

quizás entonces un poco de humildad,
y pájaros hechos de horizontes y respeto,
o semillas de oro y de esperanza,
vendrían a posarme en nuestros truenos,
o quizás un poco de esa humildad del agua
que burbujea y se hace nube
cuando es abrazada por las llamas.
Quizás -no sé- si recordáramos
cuándo vimos el fuego por vez primera,
encontraríamos una de las raíces
tantas veces perdidas
del asombro.
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Qué será de esos pájaros

Imagen: Edgar Ende



Grietas en las cáscaras de los significados:
nidos hechos de alas rotas y deshechos;
quizás, nichos de oro para sepultar la luz.
Me pregunto qué será de esos pájaros,
que en vez de huevos incuban cepos y espejos;
qué será de esos pájaros que no sospechan 
que en un descuido
otras aves pusieron huevos en el calor de su nido. 
Qué será de esos pájaros con sus picos pegados
a la sal del silencio,
con ecos congelados en sus cantos afilados
en la piedra del dinero.
Me pregunto qué será de esos pájaros,
que ignoran
qué ave nacerá cuando sus sueños -sus-
intenten crecer desde dentro.
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Si viéramos cuántos

Imagen: Erik Johansson



Si oyéramos cómo crujen las bisagras
de las puertas que no abrimos,

cómo queda la herrumbre en las manos
cuando tocamos los vacíos que dejaron.

Si viéramos cómo se rasgan las palabras
cuando intentamos palpar el significado

de las uñas que crecen hacia dentro,
con carteles de ‘Hoy, cerrado’.

Si viéramos cómo arañan las pestañas
los significantes amaestrados,

con sus silencios que guardan vértigos
en baúles llenos de candados. 

Si oyéramos cómo crujen las bisagra
de los párpados que no abrimos, 
 
cómo dejan añicos de espejos rotos,
puzzle de huellas que apenas fueron pasos.

Si viéramos cuántos agujeros contiene un ojo.
Si por un momento viéramos cuántos.
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La caverna


Fotografía: Elliott Erwitt

Estos, son también muros
en los que se proyectan sombras,
como en aquella caverna que imaginó Platón.
Entre estalactitas y estalagmitas, acumulaciones
de subidas y bajadas de ánimo, esperanzas y desalientos
que se filtran gota a gota por poros y paredes y silencios.

Vagamos entre muros llevando de un lado a otro ideas,
emociones, sentimientos y resentimientos, relatos y retratos,
sinceros o tratados con el ‘photoshop’ de la palabra;
llevamos de aquí para allá, sin movernos,
imágenes propias o tomadas prestadas,
filtradas por nuestros deseos o nuestros miedos,
objetos del pensamiento en todo caso,
luces y sombras proyectadas en nuestras pantallas
desde dentro. 
 
Estos, son también aquellos muros,
muros que contemplamos atados
con cadenas cada vez más invisibles,
cadenas hechas de sombras,
y sueños dentro de sueños.
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Hoguera

Imagen: Hoguera en la noche de San Juan, en el parque de Arriaga, en el pasado año 2019,
con Silvia Insbert y Eva Romero.


 

Inevitable. Pensar en la muerte
y en el amor, -que es la vida,
y vicerversa-,
mientras observo el fuego encendido.
Sentir entonces las hojas que crecen y caen
-y que soy y no soy-
en el árbol de la vida.
Pensar también el tiempo que pasa
como humo disolviéndose,
actores que abarcan todas las formas
en el cielo.
Y con estas palabras fotografiar
el preciso instante
y el pensamiento y el sentir
encendido.

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Canción de lo que digo y lo que callo

Fotografía: Elliott Erwitt, 1955
 

Sé que esto que digo
-y también todo lo que callo-
ha sido tantas veces dicho
y tantas, tantas veces callado.
Lo sé. Todos los temas se repiten
en el arte, en la poesía,  
se repiten casi tanto
como las noticias
en los telediarios.
Que si el amor y el desamor,
que si la seducción y el desencanto,
que si otra vez la muerte y lo desconocido,
que si otra vez la nostalgia del pasado.
Y la nostalgia del presente -tan callada-
y el futuro imaginado -tan silenciado-
y los conflictos de hacer algo
con cualquier cosa que nos esté pasando.
Lo sé. Los temas parecen tan agotados.
Todo ha sido tantas veces dicho, 
y tantas y tantas veces callado.
Pero pienso que sólo hay un tema
-en el arte, en la poesía-
y ese tema es la vida,
o cómo cada cual piensa y siente y actúa,
cómo cada cúal se construye y o se destruye
a cada paso.
Luego, nuestra mente,
que siempre tiene dos lados,
divide todo en vida y en muerte,
e inventa las espirales y los atajos.
Sé que esto que digo 
-y también todo lo que callo-
ha sido tantas veces dicho
y tantas, tantas veces callado.
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El arte visto desde hoy

                                                                               Imagen: Masao Yamamoto.
 

 


El arte visto desde hoy es como un gran árbol; 

un gran árbol al que le han crecido tantos troncos 

y en cada tronco han crecido tantas ramas,

y en cada rama, tantas ramitas que crecen cada día,

que ya nadie puede decir que atesora

una visión completa del gran árbol.

Pienso que hay muchos caminos abiertos;

y también muchos caminos bloqueados y podados

por tijeras utilitaristas.

Me pregunto si llegará un día

en el que los caminos sean tantos, 

que cada persona construya el suyo propio.

En realidad, eso somos: cada uno, un camino;

cada persona un árbol, una rama única, insustituible,

en el gran árbol de la vida.


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Maraña de significados


Imagen: Alen Kopera
 
Dejo correr uñas y labios
sobre una maraña de significados:
arrugas en los reflejos del agua, 
fluir de puertas y ventanas,

el negativo de la cara
marcado sobre el barro,
agujeros de hielo o fuego
en el flujo y reflujo del aliento.

Maraña de significados:
mar y araña, tela de significantes
de sal y saliva, revoltijos
de sílabas en cascadas;

y pájaros que en vez de huevos
incubaran silencios y palabras,
sin saber nunca que ave nacerá
una vez rota la cáscara.


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De inútiles objetos


Imagen; Caras Ionut



Apenas la silla de nuestros ojos
-la mesa de nuestras manos-,
se llena de inútiles objetos:
barcas hechas de anclas,
anclas que en realidad son rejas,
pensamientos aderezados con espumas,
o espumas disfrazadas de nieblas,
 
y ya somos uno más de esos objetos,
piedras de poliespan en caminos de atrezzo,
endurecidas migas del pan de cada día,
sombras arrancadas de su objeto,
ojos que perdieron sus manos,
o manos que olvidaron sus dedos,

dientes que mordieron palabras
mientras era pronunciadas,
o dedos que no encontraron labios
para hacer su gesto de silencio:
inútiles objetos sin casa,
como sin casa siempre
se queda el tiempo.
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Lo inexpresable

Imagen: Tomasz Alen Kopera


Una palabra tras otra
hasta abarcar
todo lo expresable.

A ver si así, un día cualquiera,
sobre la mesa,
queda desnudo y evidente 

el negativo de lo inexpresable.
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No hay humanos no creyentes

Collage: Sammy Slabbinck

Creer en un Dios* -en uno u otro-
es humano.
 
Los creyentes en un Dios
llaman no creyentes
a los que no creen
lo que ellos creen.
(Bueno, vale,
llamemos a esa creencia fe.)

Los que no creen en un Dios,  
llaman creyentes
a los que no creen lo que ellos creen.
(En el fondo, sospecho,
otra forma de fe)

En realidad, propongo,
no hay humanos no creyentes.
No hay humanidad sin fe.
Creer es inseparable
de ser humano.
 
Pero las palabras, claro,
nunca han sido inocentes.
Unos y otros han luchado,
-incluso guerreado, aterrorizado;
y también dado y quitado-
 
para apropiarse
de los significantes 
y llenarlos
con su exclusivo
significado.
 
*(Hay palabras que, conscientemente, no utilizo. Una pequeña lista. Ésta es una de las incluidas en la lista. Aquí hago una excepción).
 
 
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Ficciones




Es preciso repensar cuanto antes
las ficciones más exitosas,
ficciones al fin y al cabo
que cada día recreamos:
por ejemplo, el dinero,
tan real y a la vez tan imaginario;
el dinero que es red y es anzuelo,
que es remo y es pescado;
el dinero que es tan concreto
y a la vez tan abstracto,
que es buey que tira
y es surco en la tierra
y también arado.
¿Qué artista es capaz de crear
una ficción tan detallada,
tan astutamente infiltrada
en la propia realidad?
Por ejemplo, el tiempo, 
esa obra de arte invisible,
tan aterradora y perfecta,
y que nuestro día a día alimenta;
el tiempo del reloj
y el tiempo de nuestro calendario,
el tiempo que nos succiona y ordena
la ceguera y los abrazos.
¿Qué artista es capaz de armar
una ficción tan callada,
tan astutamente camuflada
en la piel de cualquier verdad?
Es preciso repensar cuanto antes
las ficciones más exitosas;
ficciones al fin y al cabo
de simios re-evolucionados.
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Correspondencias

Imagen: Joan Miró


La tierra
cargada de semillas
esperando germinar.
Mi mente
sembrada de pensamientos
creando realidad.
El cielo
lleno de estrellas.
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Miradas

Foto: Negativo de luz de una mirilla, de Ernesto Sin Tierra.


Se junta la luz
en una mirada;

en una mirilla,
se quiebra.
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Epigrama 3



Pintura: Odilon Redon,  Silence, 1900.

("Un poema no existe si no se oye, antes que su palabra, su silencio"
J.A. Valente).

Un poema
sólo es ruido,
trueno dentro del trueno,
grito en el grito,
fuego en el fuego,

si antes
que su palabra
no se escucha
el silencio
que lo contiene.
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No hay más tiempo

Imagen: Edgar Ende


  

No hay más tiempo que este tiempo,
tiempo sumatorio de todos los instantes,
ni más sabiduría
que esta llama vacilante
que el soplo de los días encoge y estremece,
o inflama o apaga otras veces,
mientras se mezcla
con este mismo fuego que quema la tarde.
No hay más noche que esta noche,
que es también todas las noches,
noche de manos que rebosan
vacíos y estrellas,
noche de ojos rotos por misterios
y azares.
No hay más tiempo que este instante,
instante sumario de todos los instantes,
en el que vivir
es tan semejante a caminar entre nieblas,
tan parecido a andar descalzo
sobre restos
de disfraces.
No hay más día que este día,
que es también todos los días,
ni más sabiduría
que esta llama vacilante
que el amor y la muerte reclaman como suya,
y como suya encienden y apagan,
y acarician y muerden,
entre sueños de pétalos
y alacranes.
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Canción de vuelta a casa


Imagen: Mike Worrall

Vuelvo a casa con mis manos cargadas
de ladrillo y tiempo,
después de un intenso día
de edificar puentes que no se sostienen
si no se andan.

Vuelvo a casa
y en el polvo del camino
no encuentro huellas,
sino dientes que han masticado los pasos,
y miradas que han inventado sus ojos,

y puentes entre los ‘tutús’ y los ‘yoyós’,
puentes entre los reflejos y sus espejos,
entre un corazón y otro corazón.

Vuelvo a casa,
y antes ponerme a soñar
lavo bien mis manos cansadas;
desmonto poco a poco los puentes edificados,
entre las nieblas y esperanzas,

puentes entre la desnudez y la coraza,
entre un significado y otro significado,
puentes entre la calma y la batalla.

Vuelvo a casa con mis manos cargadas
de ladrillo y tiempo,
después de un intenso día
de edificar puentes entre silencios,
puentes entre palabras.

Puentes que no se sostienen
si no se andan.
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Esta música que ahora pliega mi silencio



 
Este instante recreado, enviado de vuelta
a través de una música muchas veces compartida;
 
este instante que se enciende y se apaga,
y me cubre con una manta hecha de alas y ternura.

Este instante arañado y desgastado desde adentro
por caminos que secuestran los pasos y los signos;

este pobre instante que se pega a mis abrazos
como el hielo al amanecer de los inviernos.
 
Este instante, sombra de la luna, eco de unos ecos,
es sólo el recuerdo de una emoción contenida,

una emoción que no quise borrar del cuaderno
en el que anotaba los vértigos de mis sueños.

Este instante recreado, como enviado de vuelta
a través de esta música que ahora pliega mi silencio.
 
 
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Cuando éramos niños


Imagen: Fuente en la que jugaba de niño, 
y en la que pensaba cuando escribí este poema. 
En la plaza de Valverde de la Vera (Cáceres), 
el 25 de Agosto de 2019.

Cuando el niño era niño 
no sabía que era niño.
Peter Handke
 (En Canción de la infancia’)


CUANDO ÉRAMOS NIÑOS

Cuando éramos niños, 
las nubes eran tantas cosas;
por ejemplo, grandes navíos 
atravesando el cielo,
o animales o caras 
que cambiaban de forma
al ritmo de nuestros sueños.
Cuando éramos niños, 
el chorro de la fuente
era una gran cascada,
y el pilón y los regueros
que dejaba el agua,
ríos para navegar o naufragar 
con un simple palo
entre nuestros dedos.
Cuando éramos niños 
el mundo no tenía sombras
y muchas cosas carecían
de nombre y de forma,
y los límites del mundo 
aún no habían congelado
las fronteras de nuestro silencio. 
Cuando éramos niños, 
las nubes eran tantas cosas.
Por ejemplo, grandes alas 
esperando nuestros cuerpos;
y sólo había seis adjetivos
-alguno más, alguno menos-:
bueno, malo, grande, 
pequeño, bonito y feo.

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Parafraseando a Nietzsche



PARAFRASEANDO A NIETZSCHE

Parafraseando a Nietzsche:
la realidad y la verdad han muerto.
Es más, las cosas no son como son.

Ir a ‘Buscar’, introducir ‘realidad’,
luego, ‘Reemplazar todo’
y escribir ‘apariencia’.
Palabras como ‘realista’,
serán reemplazadas por ‘aparente’.

Expresiones como ‘sé más realista’
se dirán finalmente como
‘sé más aparente’.

Ir a ‘Buscar’, introducir ‘verdad’,
luego, ‘Reemplazar todo’
y escribir ‘conveniencia’.
Palabras como ‘verdadero’
serán reemplazadas por ‘conveniente’.
Expresiones como ‘es verdad’
se dirán finalmente como
‘es conveniente’.
Las cosas no son como son
¿son como las cuentan
los medios de información?
.

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Calladas correspondencias

Imagen: Miró. La sonrisa de un lágrima, 1973.

 
Quién lo iba a decir, aquella noche,
el agua junto al fuego,
el fuego junto al agua,
como si de un cuadro de Miró se tratara,
las estrellas junto a las lágrimas,
la lágrimas junto a las estrellas.
Y el tiempo, con sus péndulos invisibles,
revolviéndolo todo,
lágrimas y estrellas celebrando
la hermandad de sus brillos
entre calladas correspondencias.
Quién lo iba a decir, aquella noche.
Pero esas correspondencias
nunca fueron sentimentalismos,
porque esos reflejos de la noche
brillando en cada lágrima,
siempre fueron ecos ciertos
de un puzzle
cuya totalidad
nunca fue indivisible.
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La costumbre de leer y escribir

Collage: Rocío Montoya
 
Tenía una interrogación en cada oreja y dos puntos, en negritas, en su mirada. Los dos puntos se convirtieron enseguida en dos puertas abiertas y en dos abrazos a la torpeza de mis palabras. 
Llevaba dos interjecciones, una en cada ceja, y palabras medio disueltas en la lengua, cuya única arqueología posible era el beso, para escuchar su silencio o para ver de qué clase de escritura se trataba. 

Tenía puntos suspensivos en los párpados, sólo visibles cuando los cerraba, y más puntos suspensivos que se prolongaban por su rostro como si de la indicación de un camino se tratara. 
Llevaba comas en los labios y paréntesis en las manos, tan llenas de ternura y algo de tristeza, y líneas gruesas en la frente, y otras más finas en la cara, que marcaban una sonrisa cómplice y sincera.

Y fue una suerte que yo hubiera estado escribiendo muchas horas ese día, porque si no cómo hubiera podido darme cuenta de dónde estaban las interrogaciones, cómo ver si no los dos puntos que me invitaban a enumeraciones interminables e hinchadas descripciones. Cómo hubiera podido leer el lenguaje bondadoso de las interjecciones y acercarme sin miedo a leer o disolver del todo las palabras medio disueltas en la lengua.

Por una vez fue una suerte que yo tuviera este hábito tan marginal de lectura y escritura, una suerte porque si no cómo hubiera visto las indicaciones del camino, cómo las comas en los labios y los paréntesis de las manos; cómo hubiera podido leer los gestos que escribían en el aire y el cuerpo tan lleno de palabras medio borradas nunca dichas.

Tenía una tecla de retorno a mis ojos en cada mano y un botón de ‘on’ que al fin descubrí,  invisible, muy oculto, quizás un poco desgastado, en el corazón.
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Las palabras

Fotografía: Sammy Slabbinck


Son como peces
en una pecera
con forma de reloj de arena.

Son como serpientes,
se escurren de las manos y de los labios,
y muchas veces hacen nidos ocultos en mi lengua.

Son como volcanes
que esperan ser llamarada
y expulsar magma que será nueva tierra y nuevas piedras.

Son como peces,
pican en mi anzuelo de tinta y de silencio,
y tiro de de la caña y se agitan salpicándome

las palabras.
 
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