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Apunte para una canción

Imagen: Santos Iñurrieta (detalle).

 

Se me amontonan signos
en las pantallas que retoco
y cuentos que no cuento
y principios que no inicio.
Se me amontonan manos
en manillas que no abro
y ojos en espejos
en los que no me miro.
Se me amontonan huellas
en los relojes que desarmo
con intención de ahogar
rutinas que copio y sigo.
Se me amontonan calaveras
en atajos que practico 
para no llegar a tiempo
a citas con el olvido.
Se me amontonan finales 
que nunca termino,
infinitos deseos de mi tacto
y pupilas que me miran
y pupilas que yo miro.
Se me amontonan signos
en las pantallas que retoco
y cuentos que no cuento
y principios que no inicio.
 
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Stop killing children in Gaza


  

Desconozco autoría de esta imagen.

[STOP KILLING CHILDREN IN GAZA]


Estas noches, sobre el cielo de Gaza,

además de cohetes de muerte,

pudieron verse

'incontables alfombras voladoras

huir hacia la nada

cargadas de niños y sueños',

mordidos por inútiles ficciones y venganzas, 

de unos contra otros

y otros contra unos.

El ojo por ojo, 

y la boca por boca, 

y el puño por puño, 

y la oreja por oreja;

la creencia por creencia,

y la estrategia por estrategia,

y  el esto es mío

porque soy más fuerte,

han dejado, una vez más,

táctica por táctica,

ciegos y mudos, (qué inteligentes!),

y sordos y sin rostros,

y sembrados de inhumanidad,

los sueños de paz

de buena parte del mundo.


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desde el corazón

 

 

 

Desde el corazón
ha bajado mi boca hasta tus ojos
y se ha bebido el mar
de un sólo trago.
Ya no quedan fuentes
en las plazas de la noche;
las gargantas de los peces
se han quedado sin raíces;
sus escamas se secaron,
y son ahora acero helado,
reflejos de algún vacío.
Pero no tengo frío. 
Estoy sudando peces de hielo
con anzuelos en los párpados, 
pero no tengo frío.
Tengo -a veces caigo hacia arriba- 
un reloj clavado en la garganta.
Tengo -a veces muero muchas veces al día-
rayos de sol congelados en las pupilas.
Tengo -a veces duermo mientras ando-
un ciempiés con cien alas en cada silencio,
y un espejo clavado en la oscuridad
de cada noche,
que sólo noche refleja, e interpreta
desde mi corazón
tus latidos.

De ‘El jardín roto’ (1977)

 

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Esto no es un poema (4)

 

Imagen: Albert Birkle.

 
Del arte, como de la vida 
-también de la poesía o de la música, o del teatro...- 
se puede decir cualquier cosa. 
Por ejemplo, puedo decir 
que el arte hoy es un  perro hambriento
ladrando en una calle hecha
con células muerta.
O puedo decir que el arte
-su discurso, su conflicto -el intemporal conflicto
de ser o no ser— 
murió con el siglo pasado
y que sólo quedan cascarones con restos que flotan
en un profundo vacío.
Puedo también decir que la poesía  -el arte,
la música, la danza, el teatro...- 
siempre será esa flor que crece
entre las grietas del asombro, 
como crecen esas raras flores insistentes
entre las heridas del asfalto
-ahí, en los grandes polígonos industriales-
y que cualquier trailer aplasta sin darse cuenta,
y que sin darse cuenta otra capa de asfalto
sepulta irremediablemente, 
sin que socialmente ninguna huella sea dejada
para expresar su existencia.
Pero lo que nunca diría  -ni del arte,
ni de la poesía, ni de la música, ni del teatro...- 
es eso de ‘poesía eres tú’. 
-(Por qué? Por qué?) -me repite el eco del tiempo.
-Porque no soy un poeta romántico.
El romanticismo no es el tiempo que vivo.
Soy biznieto del romanticismo,
nieto de las vanguardias,
hijo de las posvanguardias.
Pero soy, definitivamente -y sobre todo, 
y qué sé yo-
hijo de la poesía social.
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Solo, en el bosque (Imitación de Wang Wei).

Superluna del ciervo. Mari Cortés, 2022

Sentado sobre la hierba, solo,
en una noche de calor,
entre los árboles
del bosque de Armentia,
escribo esta nota.
La escribo a mano
en una libreta alumbrada
por la luz temblorosa
de la linterna del móvil.
Nadie sabe que estoy
entre este espeso follaje.
Sólo la brillante luna llena
acude a acompañarme.
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Peonza lanzada por un niño en el centro de la nada.

 

Imagen: Juliana Kolesova

El tiempo pasa, pero no siempre avanza;
a veces gira, se retuerce y baila
como una peonza lanzada por un niño
sobre la imagen
de una galaxia.
Otras veces, como un reloj estropeado,
el tiempo atrasa, se pone
los apretados zapatos del pasado,
con tacones desgastados
que desequilibran y resbalan.
Y si tiempo es espacio
-como Einstein formuló-
y espacio somos -y por tanto, tiempo-,
también el espacio aprieta
y no siempre abraza.
A veces, como un agujero negro,
nos traga y nos mezcla
irremediablemente
en ese Todo que gira y gira,
-como gira también este poema-
como una peonza
lanzada por un niño
en el centro de la Nada.
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Humildad

 

Käthe Kollwitz. Solidaridad - The Propeller Song (1931-32)
 

La solidaridad, practicada en el día a día, 
es un ejercicio de humildad.  
Y viceversa. La humildad, practicada día a día, 
es un ejercicio de solidaridad. 
Respetar las dudas, los errores y aciertos, 
la ceguera o la lucidez,
dejar que cada persona construya su camino, 
y acompañarlo
-si es necesario-
sin desvalorizar ni exaltar,
requiere ponerse en el lugar del otro,
con humildad, con solidaridad.

 

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Decirle a una flor que es una flor

 

Imagen: Mariposa en el bosque de Armentia, 2018. B. Herreruela.



 

Decirle a una flor que es una flor;
o a un pájaro que es un pájaro.
Decirle a una piedra que es una piedra, 
o al agua que es agua, 
como si esa palabra quedara condenada,
encerrada en una cárcel;
como si creyéramos que ya hubiéramos
abarcado todo su significado. 

Decirle al fuego que es fuego, 
o decirle al barro que es barro.
O mirar las nubes durante un rato
y ser consciente de cómo cambian, 
y llamar a los pensamientos nubes
y ponerles nombre, 

y finalmente llamar nube
a la nube,
o llamar abrazo a un abrazo,
o bandera -y esto es ya el colmo-
a un trapo.

Qué soberbia -y qué osadía- 
encuentro siempre 
en el lenguaje humano.
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Bastaría ser conscientes de la lentitud

Imagen: Autoría desconocida.

 

Bastaría ser conscientes de la lentitud
con que la vida se convierte en piedra,
o entender cómo la luz
crea átomos, elementos y células, 
o tan sólo entender cómo se forma 
una brizna de hierba,
o cómo se deshace un sonido
hasta ser  indiferenciable
de lo que le rodea.
Bastaría ser conscientes
de una parte muy pequeña; 
bastaría para que la geometría de la vida
nos catapultara hasta las estrellas.
Bastaría ser conscientes de la lentitud.
Bastaría ser conscientes.
Bastaría ser.
Bastaría.
Basta. 
Qué importa decirlo. 
Qué importa.
Qué.
A menudo
resulta demasiado densa y veloz 
nuestra presencia.
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Esto no es un poema (2)

 

Imagen: Atlas, Wlodek Krzeminski.



Creamos realidades socialmente.
Las creamos compartiendo lenguajes.
Las organizamos y mantenemos dando y recibiendo
palabras e imágenes;
sí, también gestos y signos, y símbolos y señales.

Creamos realidades. El arte bien lo sabe.
El arte de cualquier cultura, de cualquier tiempo.
El arte, que no, no es la realidad.
El arte, que nunca quiso ser la realidad.
El arte que quiso ser todos los sueños
y ningún sueño.

Creamos. No me estoy entre quienes piensan
que la realidad es arte. El arte es sólo
la Gran Metáfora:
expresa cómo creemos y cómo creamos.

Creamos realidades socialmente.
Las creamos también a través de vacíos, ausencias y silencios, nidos en los que incubamos
las narraciones que sostenemos.

Construimos realidades, es decir construimos relatos, ficciones al fin y al cabo, porque ¿qué podemos hacer sino interpretar, reinterpretar y sobreinterpretar, una y otra vez, en un bucle infinito, la experiencia?

Esto no es un poema.


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El otro ojo del día

 

 

 
Maurits Cornelis Escher. 'Ojo'. 1946. Grabado a media tinta, 14,1x19,8 cm.

 

 

Escribo sin pensar, cogido de nada;
la luz me mira y me atraviesa.  
Pasan pensamientos veloces como rayos, 
pasan espacios de silencios agujereados,
escribo sobre el otro rostro del cuerpo, 
sobre el otro cuerpo de los rostros, 
escribo sobre el otro ojo del día.
Hace un momento subastaba sonidos, 
regalaba muecas de cristal;
luego, me atrapó el sonido del mundo, 
de puntillas y sin tirantes
como el viento a una hoja, 
me cogió suave e invisible. 
Siempre viene y me agarra, 
me arrastra dominante; 
luego, garabateo signos, 
escribo calles, sonidos, ojos, 
cosas en volumen; 
escribo manos, farolas, lluvia, 
cosas sin espacio.
Y más tarde vuelo distante, 
con una mano del día en los ojos
y el tiempo entre los dientes, 
camino quieto, 
arrastro olas de papel y espuma, 
mares de imágenes y de tinta, 
caravanas de sueños muy reales.
Hace un momento subastaba silencios,  
golpeaba voces de metal
en un noria poderosa. 
Ahora escribo sin pensar,  escribo
sobre el otro ojo del día.

 
(Del cuaderno de poemas 'El otro ojo del día', 1979)


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Emociones

© Estate of Walter Chandoha, courtesy of Taschen.



Las emociones -me dijo
sin palabras-
no se interpretan,
se acompañan.
Entonces me sentí
como una luciérnaga en la noche
mirando el cielo estrellado.

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Estrategia


Imagen: Caligrama de Guillaume Apollinaire, de 1918.

 
No cuento esto para atribuirme ningún mérito. Es sólo una estrategia. Con frecuencia leo varios libros a la vez, una forma de camuflaje dirigida a burlar la tiranía de la lógica, un juego para emborronar cualquier pretensión de claridad de pensamiento.
 
Abro un libro, leo un verso -o varios-, o leo un párrafo -o dos-, y cambio rápido de libro; cambio cuando las palabras empiezan a convertirse en nieblas o en piedras, cambio cuando cuando las palabras se transforman en cadenas, en jaulas, en rejas.
 
Leo entonces otro verso, otro párrafo, sin orden, rápido, muy rápido, abriendo en cada lectura páginas elegidas al azar, páginas en las que anoto en los márgenes, de vez en cuando, palabras descascarilladas, ecos craquelados, resonancias de lo que la lectura agita dentro de mi.
 
Al fin y al cabo -pienso-, quizá sólo leemos realmente lo que ya está escrito dentro de nosotros. Lo demás, son infrasonidos y ultrasonidos -me digo-, o son sólo fantasiosos cuentos de  poder, o deseos de ser seducidos por la dulce voz de Sherezade.
 
Sherezade narrando eternamente las mil y una realidades para burlar la muerte.
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Selva de palabras (I)

Barbarians Marching to the West, Max Ernst, 1937




En aquella selva los árboles no tenían hojas sino plumas, y los únicos frutos disponibles en las ramas eran palabras. De ellas nos alimentábamos cada día y algunas podían verse caídas en el suelo de la selva, mordidas, simples sílabas, incompletas.
Yo era un primate más en un gran grupo de primates, y defendíamos con violencia nuestro territorio de palabras frente a otros grupos de primates rivales. Los puntos y las comas, las interrogaciones y las interjecciones se las dejábamos a los pájaros y nuestros excrementos, que caían desde lo alto de los árboles, era recogidos cada noche discretamente, ante nuestra indiferencia, por extraños primates que los utilizaban para alimentar su fuego.
Cuando llegaban épocas de sequías y las palabras colgaban secas de las ramas, nos volvíamos muy feroces. Entonces no dejábamos nada a los pájaros, incluso los cazábamos y luchábamos a muerte por la disputa de un punto, de una coma, de un interjección o un interrogación picoteada...
Y cuando alguno de nosotros encontraba puntos suspensivos aún no digeridos en el estómago de algún pájaro, regurgitaba palabras extrañas, no digeribles, palabras envenenadas; entonces, con urgencia, era preciso darle muerte: su vómito constante ponía en peligro nuestro territorio en la selva de palabras.

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Aprender a aprender

 

Imagen: Martin Waldbauer



"Lo mejor para las turbulencias del espíritu, es aprender. Es lo único que jamás se malogra. Puedes envejecer y temblar, anatómicamente hablando; puedes velar en las noches escuchando el desorden de tus venas, puede que te falte tu único amor y puedes perder tu dinero por causa de un monstruo; puedes ver el mundo que te rodea, devastado por locos peligrosos, o saber que tu honor es pisoteado en las cloacas de los espíritus más viles. Sólo se puede hacer una cosa en tales condiciones: aprender."
M. Yourcenar. Sources II (Gallimard, 1999)

Dedicado a todos los estudiantes que después de mucho -o poco- estudiar, llegan a la conclusión de que lo que lo único importante siempre fue aprender a aprender. Toda mi complicidad en esa intuición, y en ese sentimiento de que es lo único que se debería enseñar. Lo demás -sospecho- acaba siendo mercado.
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Convocatoria

(Texto escrito para el cuadro que aquí se reproduce,
de la 'Suite Menut', de Santos Iñurrieta.)

 

Dos islas en nuestro pensamiento:
una transparente, invisible a pesar de su peso;
la otra sostiene un cuerpo con la cabeza horizontal,
un cuerpo con ojos sin pupila ni párpados,
con dientes que parecen no tener boca.
Dos nubes en nuestro sentimiento;
sobre la primera, vacío pero asombrado,
con una mano en el placer y el dolor como aliado,
el cuerpo transparente se asoma a ojos perdidos
que chocan como bolas de billar,
y se deslizan y deforman
mientras construyen miradas
carentes de sombras.
Dos islas, dos nubes, dos rocas;
y un globo hinchado cuyo centro es la cabeza,
un globo que explota y crece y vuelve a explotar,
goblo errante
que una vez más nos convoca.
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Del amor y la muerte

 

 

                                          Imagen: Alen Kopera.

 

El amor llena de ojos y de lenguas
las miradas que recortan las uñas y los días;
la muerte llega y regala alas a los ojos,
regala saltamontes de luz a las lenguas;
la muerte llega y escarba huecos
en los muros de las ausencias.
El amor pinta asombro y esperanzas
con su paleta llena de todas las gamas;
la muerte llega y mezcla todos los colores,
busca el blanco de que fueron origen
y el negro con el que se disfraza la noche
para resaltar las estrellas.
El amor sujeta con imperdibles de oro
los nombres y las fechas;
pero la muerte llega y los borra poco a poco
llenándolos de nieblas, de lluvias
y de hiedras.

 

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Aquí están todos

 

Imagen: Santos Iñurrieta, de la 'Suite Menut'.

 

Aquí están todos:

los generosos, los insolentes, 

los valientes y los asustados, todos

los colores, velos que transparentan lo escondido

y desvelan lo arañado, líneas 

que simulan ser hombre, mujer, perro o casa,

y también equilibrista disfrazada de araña,

o sombra de ocho brazos y cabeza acolchada,

o mirada perdida en el cielo,

que busca una sombra en su mapa,

o serpiente soñadora y borracha

que despierta asombrada,

con ojos de muñeca zarandeada.

Aquí están todas las líneas:

las generosas, las insolentes,

las valientes y las asustadas, todas

las líneas y las formas, todas

con su libertad

de ser nada.


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Libélula

 



Agosto es así. Llevaba algunos días que salía a caminar con la intención en mi pensamiento de conseguir unos primeros planos de alguna libélula. Había conseguido ya buenos contactos visuales, y había localizado al menos dos charcas y observado sus costumbres. Ayer mi silencio encontró su silencio. Ambos nos miramos con los ojos cerrados. Porque muchas veces, para ver, hay que cerrar los ojos...

 

 
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